No soy familia de esos árboles.

NO SOY familia de esos árboles
que avanzan de muletas en su verdor
al patio de internado. Me toman
sin conocerme. Posan en mis cabellos
el compasivo silencio de sus ramas
y aguardan. Mi preceptor espía el fondo
de mis pasos como hurgando una sal
de placenta que me recoja. Ya nadie viene.
Ni madre que me conduzca por el río
de su sangre. Ni la buena pestaña
que se lleve mis ojos. Hastiada la cabeza
se me hunde en el pulmón de las costillas.

Ya no se irán de mí los filos espoleantes
con que muerde esta acera. los clavos
de esas raices me dejarán aquí
para siempre. Aunque abra la ventana
de casa y crezca lejos, aunque pague
con oro de mi infancia una culpa inocente,
ya no podré zafarme. Y si corro
hacia mi vida, hacia mi muerte,
el preceptor saca la lengua precisa
y con su astucia de sapo me captura.

Eugenio Montejo.

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Armando Guerrero, Oaxaca, México.