El aplauso de la gente.


¿No es acaso sagrado mi corazón, no está más lleno
de vida desde que amo? ¿Por qué me respetaban más
mientras era orgulloso y feroz, más locuaz y vacío?

Sí: las masas valoran lo mismo que el mercado,
y aquel que es vil admira a los violentos.
En lo divino creen
tan solo aquellos que también lo son.


Friedrich Hölderlin.

El infinito.


Siempre vuelvo a este monte solitario, 
y a estos arbustos, que una buena parte 
del horizonte ocultan a mis ojos. 
Pero sentándome, admirado, amplísimos 
espacios más allá, y sobrehumanos 
silencios, y la más perfecta calma 
empiezo a imaginar, y el corazón 
por poco se me espanta. Y mientras oigo 
que el viento cruza entra las ramas, ese 
infinito silencio yo a esta voz 
voy comparando, y me llega lo eterno, 
las estaciones muertas, y esta, viva, 
presente, con sus ruidos. Así en esta 
inmensidad se ahoga el pensamiento, 
y naufragar en este mar me es dulce.


Giacomo Leopardi.

gracias Señor, por tan increible día


gracias Señor por tan increíble
día: y por el verde espíritu saltarín de los árboles,
por este azul soñado como cielo; gracias por todo
lo natural, por todo lo infinito, por lo que dice sí

(estuve muerto y hoy estoy de nuevo vivo;
hoy es el cumpleaños del sol, el cumpleaños
de la vida, del amor y las alas, de la alegre
grande, cambiante, ilimitada tierra)

¿cómo podría viendo, escuchando, tocando
y respirando algún –levantado del no
de la nada absoluta- ser simplemente humano
dudar, oh inimaginable tu?

(ahora los oídos de mis oídos oyen,
ahora los ojos de mis ojos ven)


e.e. Cummings.

Armando Guerrero, Oaxaca, México.