El aplauso de la gente.


¿No es acaso sagrado mi corazón, no está más lleno
de vida desde que amo? ¿Por qué me respetaban más
mientras era orgulloso y feroz, más locuaz y vacío?

Sí: las masas valoran lo mismo que el mercado,
y aquel que es vil admira a los violentos.
En lo divino creen
tan solo aquellos que también lo son.


Friedrich Hölderlin.

El infinito.


Siempre vuelvo a este monte solitario, 
y a estos arbustos, que una buena parte 
del horizonte ocultan a mis ojos. 
Pero sentándome, admirado, amplísimos 
espacios más allá, y sobrehumanos 
silencios, y la más perfecta calma 
empiezo a imaginar, y el corazón 
por poco se me espanta. Y mientras oigo 
que el viento cruza entra las ramas, ese 
infinito silencio yo a esta voz 
voy comparando, y me llega lo eterno, 
las estaciones muertas, y esta, viva, 
presente, con sus ruidos. Así en esta 
inmensidad se ahoga el pensamiento, 
y naufragar en este mar me es dulce.


Giacomo Leopardi.

Armando Guerrero, Oaxaca, México.