Todos los que me daban consejos
están más locos cada día.
Por suerte no les hice caso
y se fueron a otra ciudad,
en donde viven todos juntos
intercambiándose sombreros.
Eran sujetos estimables,
políticamente profundos,
y cada falta que yo hacía
les causaba tal sufrimiento
que encanecieron, se arrugaron,
dejaron de comer castañas,
y una otoñal melancolía
por fin los dejó delirantes.
Ahora yo no sé que ser,
si olvidadizo o respetuoso,
si continuar aconsejado
o reprocharles su delirio:
no sirvo para independiente,
me pierdo entre tanto follaje,
y no sé si salir o entrar,
si caminar o detenerme,
si comprar gatos o tomates.
Voy a tratar de comprender
lo que no debo hacer y hacerlo,
y así podre justificar
los caminos que se me pierdan,
porque si yo no me equivoco
quién va a creer en mis errores?
Si continúo siendo sabio
nadie me va a tomar en cuenta.
Pero trataré de cambiar:
voy a saludar con esmero,
voy a cuidar las apariencias
con dedicación y entusiasmo
hasta ser todo lo que quieran
que uno sea y que uno no sea,
hasta nos sino los otros.
Y entonces si me dejan tranquilo
me voy a cambiar de persona,
voy a discrepar de pellejo,
y cuando ya tenga otra boca,
otros zapatos otros ojos,
cuando ya sea diferente
y nadie pueda conocerme
seguiré haciendo lo mismo
porque no sé hacer otra cosa.
Pablo Neruda.
Cuerpo lleno de barcos
CUERPO lleno de barcos,
ojos llamándonos al mar, senos, velámenes,
brazos en nuestros brazos, tumultuosos oleajes...
Noches de lámpara oscilante
con estrellas en la cubierta
y pájaros que pasan.
El temor al olvido se amontona
detrás de tus pestañas,
el temor al arribo en el próximo puerto
que puede separarnos.
Cuerpo lleno de barcos que se alejan
no sabemos adónde.
El temor al silencio que viene de las islas
y al desamparo de los horizontes
cuando ya no hay adiós sino naufragio.
Eugenio Montejo.
ojos llamándonos al mar, senos, velámenes,
brazos en nuestros brazos, tumultuosos oleajes...
Noches de lámpara oscilante
con estrellas en la cubierta
y pájaros que pasan.
El temor al olvido se amontona
detrás de tus pestañas,
el temor al arribo en el próximo puerto
que puede separarnos.
Cuerpo lleno de barcos que se alejan
no sabemos adónde.
El temor al silencio que viene de las islas
y al desamparo de los horizontes
cuando ya no hay adiós sino naufragio.
Eugenio Montejo.
Me estoy labrando tu sombra
Me estoy labrando tu sombra.
La tengo ya sin los labios,
rojos y duros: ardían.
Te los habría besado
aún mucho más.
Luego te paro los brazos,
rápidos, largos, nerviosos.
Me ofrecían el camino
para que yo te estrechara.
Te arranco el color, el bulto.
Te mato el paso. Venías
derecha a mí. Lo que más
pena me ha dado, al callártela,
es tu voz. Densa, tan cálida,
más palpable que tu cuerpo.
Pero ya iba a traicionarnos.
Así
mi amor está libre, suelto,
con tu sombra descarnada.
Y puedo vivir en ti
sin temor
a lo que yo más deseo,
a tu beso, a tus abrazos.
Estar ya siempre pensando
en los labios, en la voz,
en el cuerpo,
que yo mismo te arranqué
para poder, ya sin ellos,
quererte.
¡Yo que los quería tanto!
Y estrechar sin fin, sin pena
—mientras se va inasidera,
con mi gran amor detrás,
la carne por su camino—
tu solo cuerpo posible:
tu dulce cuerpo pensado.
Pedro Salinas.
La tengo ya sin los labios,
rojos y duros: ardían.
Te los habría besado
aún mucho más.
Luego te paro los brazos,
rápidos, largos, nerviosos.
Me ofrecían el camino
para que yo te estrechara.
Te arranco el color, el bulto.
Te mato el paso. Venías
derecha a mí. Lo que más
pena me ha dado, al callártela,
es tu voz. Densa, tan cálida,
más palpable que tu cuerpo.
Pero ya iba a traicionarnos.
Así
mi amor está libre, suelto,
con tu sombra descarnada.
Y puedo vivir en ti
sin temor
a lo que yo más deseo,
a tu beso, a tus abrazos.
Estar ya siempre pensando
en los labios, en la voz,
en el cuerpo,
que yo mismo te arranqué
para poder, ya sin ellos,
quererte.
¡Yo que los quería tanto!
Y estrechar sin fin, sin pena
—mientras se va inasidera,
con mi gran amor detrás,
la carne por su camino—
tu solo cuerpo posible:
tu dulce cuerpo pensado.
Pedro Salinas.
Esperas
Se oyen pasos
de alguien que no llega nunca.
Enrique Molina
Uno sigue esperando
sin responder a nadie
entre otras cosas porque
las sombras no preguntan
uno estira el silencio
abandonado y torpe
con los ojos abiertos
y la esperanza inmóvil
el cielo está tan lejos
y la tierra tan cerca
que no vale la pena
soñar con el futuro.
en secreto se aguardan
noticias del vacío
y sin embargo nadie
se asoma entre la niebla.
Mario Benedetti.
Un año
Vuelvo a contarme aquí mi vida
otra tarde de otoño
viejo de treinta y tres vueltas al sol.
Vuelvo a replegarme en esta silla
palpando su inocencia de madera,
ahora que el año hace su estruendo
y me sacude fuerte, de raíz.
En la terraza inicio otro descenso
al infierno, al invierno.
Sangran en mí las hojas de los árboles.
Eugenio Montejo.
otra tarde de otoño
viejo de treinta y tres vueltas al sol.
Vuelvo a replegarme en esta silla
palpando su inocencia de madera,
ahora que el año hace su estruendo
y me sacude fuerte, de raíz.
En la terraza inicio otro descenso
al infierno, al invierno.
Sangran en mí las hojas de los árboles.
Eugenio Montejo.
Acaso una Palabra
I
Acaso una palabra
tan sólo, sé decir: al despedirme,
lo más mío de mí se precipita
afuera, y busca y toma lo que amo.
Decir adiós, hablar para perderte,
y saber que un instante,
el anudado instante en que lo digo,
puedo tenerte asida y te detengo.
Abro luego las manos, quedas libre.
Y el corazón te grita que te quedes
y no lo entiendes. Nunca
lo pudiste entender. Estamos solos.
Hay en todas partes una espina
extraña. Un soplo de ceniza ardiendo
tiembla en los corazones y las calles.
Es antes de la noche.
Rubén Bonifaz Nuño.
Pregunta más allá
¿Por qué pregunto dónde estás
si no estoy ciego,
si tu no estás ausente?
Si te veo,
ir y venir,
a ti, a tu cuerpo alto
que se termina en voz,
como en humo la llama,
en el aire, impalpable.
Y te pregunto, sí,
y te pregunto de qué eres,
de quién;
y abres los brazos
y me enseñas
la alta imagen de ti,
y me dices que mía.
Y te pregunto, siempre.
Pedro Salinas.
si no estoy ciego,
si tu no estás ausente?
Si te veo,
ir y venir,
a ti, a tu cuerpo alto
que se termina en voz,
como en humo la llama,
en el aire, impalpable.
Y te pregunto, sí,
y te pregunto de qué eres,
de quién;
y abres los brazos
y me enseñas
la alta imagen de ti,
y me dices que mía.
Y te pregunto, siempre.
Pedro Salinas.
Vórtice
Del mar, a la montaña,
por el aire,
en la tierra,
de una boca a otra boca,
dando vueltas,
girando,
entre muebles y sombras,
displicente,
gritando,
he perdido la vida,
no sé dónde,
ni cuándo.
Oliverio Girondo.
por el aire,
en la tierra,
de una boca a otra boca,
dando vueltas,
girando,
entre muebles y sombras,
displicente,
gritando,
he perdido la vida,
no sé dónde,
ni cuándo.
Oliverio Girondo.
Never trust a hippie
Como andamos tan confusos
vamos a decidir 10 cosas:
Redactaremos un estatuto que establezca claramente
quién manda
quién se somete
quién friega los platos
y cuál es la posición correcta del piloto del calentador.
Nos decidiremos de una vez a averiguar
el paradero de nuestros padres:
Daremos la espalda a esas parejas horribles
que en maldita hora nos adoptaron
y huiremos al bosque:
Allí husmearemos en las madrigueras
y en los troncos huecos
hasta hallar en nuestros interiores
a otros embusteros
más mansos
más dispuestos a hacer dinero
que no titubeen que no nos avergüencen
que sean chusma como el resto
Regresaremos a la metrópoli
Más maduros más capaces:
Seremos uno y todo con la piara*.
Con nuestras carteras repletas
amamantaremos a otra camada
que pronto nos mostrará el dedo medio
y renegando de nosotros
huirá a los bosques
en busca de su verdadero yo
que los devolverá sonrientes a la máquina.
Sergi Puertas.
*Piara.
vamos a decidir 10 cosas:
Redactaremos un estatuto que establezca claramente
quién manda
quién se somete
quién friega los platos
y cuál es la posición correcta del piloto del calentador.
Nos decidiremos de una vez a averiguar
el paradero de nuestros padres:
Daremos la espalda a esas parejas horribles
que en maldita hora nos adoptaron
y huiremos al bosque:
Allí husmearemos en las madrigueras
y en los troncos huecos
hasta hallar en nuestros interiores
a otros embusteros
más mansos
más dispuestos a hacer dinero
que no titubeen que no nos avergüencen
que sean chusma como el resto
Regresaremos a la metrópoli
Más maduros más capaces:
Seremos uno y todo con la piara*.
Con nuestras carteras repletas
amamantaremos a otra camada
que pronto nos mostrará el dedo medio
y renegando de nosotros
huirá a los bosques
en busca de su verdadero yo
que los devolverá sonrientes a la máquina.
Sergi Puertas.
*Piara.
Disonancia
Los insectos atareados,
los caballos color de sol,
los burros color nube,
las nubes, rocas enormes que no pesan,
los montes como cielos desplomados,
la manada de árboles bebiendo en el arroyo,
todos están ahí, dichosos en su estar,
frente a nosotros que no estamos,
comidos por la rabia, por el odio,
por el amor comidos, por la muerte.
Octavio Paz.
Mi destino
Como el zorro
huyo con los perseguidos
y si no soy
el hombre más felíz
de la tierra
soy seguro el
hombre más afortunado
vivo.
Charles Bukowski.
huyo con los perseguidos
y si no soy
el hombre más felíz
de la tierra
soy seguro el
hombre más afortunado
vivo.
Charles Bukowski.
Apuntes de fuego
Durante los meses tristes, centelleó mi vida sólo cuando hice el amor contigo.
Como la luciérnaga se enciende y se apaga, se enciende y se apaga- a medias
puede uno seguir su camino
en la noche oscura del olivar.
Durante los meses tristes, estaba el alma desesperada y sin vida
pero el cuerpo caminó directo hacia ti.
El cielo de la noche rugió.
Sigilosamente ordeñábamos cosmos y sobrevivimos.
Tomas Tranströmer.
Como la luciérnaga se enciende y se apaga, se enciende y se apaga- a medias
puede uno seguir su camino
en la noche oscura del olivar.
Durante los meses tristes, estaba el alma desesperada y sin vida
pero el cuerpo caminó directo hacia ti.
El cielo de la noche rugió.
Sigilosamente ordeñábamos cosmos y sobrevivimos.
Tomas Tranströmer.
Aquí.
No sé cómo será en otras partes
pero aquí en la Tierra hay bastante de todo.
Aquí se fabrican sillas y tristezas,
tijeras, violines, ternura, transistores,
diques, bromas, tazas.
Puede que en otro sitio haya más de todo,
pero por algún motivo no hay pinturas,
cinescopios, empanadillas, pañuelos para las lágrimas.
Aquí hay un sinfín de lugares con sus alrededores.
Algunos te pueden gustar especialmente,
puedes llamarlos a tu manera,
y librarlos del mal.
Puede que en otro sitio haya lugares así,
aunque nadie los encuentra bonitos.
Quizá como en ningún sitio, o en pocos sitios,
aquí tengas un torso separado
y con él los instrumentos necesarios
para añadir los propios a los niños de otros.
Y además brazos, piernas y una cabeza sorprendida.
La ignorancia tiene aquí mucho trabajo,
todo el día cuenta, compara, mide,
saca de ello conclusiones y raíces cuadradas.
Ya, ya sé lo que estás pensando.
Aquí no hay nada duradero,
porque desde siempre hasta siempre está en manos de
[los elementos.
Pero date cuenta: los elementos se cansan rápido
y a veces tienen que descansar mucho
hasta la próxima vez.
Y sé qué más estás pensando.
Guerras, guerras, guerras.
Pero incluso entre las guerras a veces hay pausas.
Firmes - la gente es mala.
Descansen - la gente es buena.
A la voz de firmes se produce la devastación.
A la voz de descansen se construyen casas sin descanso
y rápidamente se habitan.
La vida en la tierra sale bastante barata.
Por los sueños, por ejemplo, no se paga ni un céntimo.
Por las ilusiones, sólo cuando se pierden.
por poseer un cuerpo, se paga con el cuerpo.
Y por si eso fuera poco,
giras sin billete en un carrusel de planetas
y junto a éste, de gorra, en un torbellino de galaxias,
en unos tiempos tan vertiginosos
que nada aquí en la tierra llega ni siquiera a moverse.
Porque mira bien:
la mesa está donde estaba,
en la mesa una carta, colocada como estaba,
a través de la ventana un soplo solamente de aire,
y en las paredes ninguna terrorífica fisura
por la que el viento se te lleva a ninguna parte.
Wislawa Szymborska.
pero aquí en la Tierra hay bastante de todo.
Aquí se fabrican sillas y tristezas,
tijeras, violines, ternura, transistores,
diques, bromas, tazas.
Puede que en otro sitio haya más de todo,
pero por algún motivo no hay pinturas,
cinescopios, empanadillas, pañuelos para las lágrimas.
Aquí hay un sinfín de lugares con sus alrededores.
Algunos te pueden gustar especialmente,
puedes llamarlos a tu manera,
y librarlos del mal.
Puede que en otro sitio haya lugares así,
aunque nadie los encuentra bonitos.
Quizá como en ningún sitio, o en pocos sitios,
aquí tengas un torso separado
y con él los instrumentos necesarios
para añadir los propios a los niños de otros.
Y además brazos, piernas y una cabeza sorprendida.
La ignorancia tiene aquí mucho trabajo,
todo el día cuenta, compara, mide,
saca de ello conclusiones y raíces cuadradas.
Ya, ya sé lo que estás pensando.
Aquí no hay nada duradero,
porque desde siempre hasta siempre está en manos de
[los elementos.
Pero date cuenta: los elementos se cansan rápido
y a veces tienen que descansar mucho
hasta la próxima vez.
Y sé qué más estás pensando.
Guerras, guerras, guerras.
Pero incluso entre las guerras a veces hay pausas.
Firmes - la gente es mala.
Descansen - la gente es buena.
A la voz de firmes se produce la devastación.
A la voz de descansen se construyen casas sin descanso
y rápidamente se habitan.
La vida en la tierra sale bastante barata.
Por los sueños, por ejemplo, no se paga ni un céntimo.
Por las ilusiones, sólo cuando se pierden.
por poseer un cuerpo, se paga con el cuerpo.
Y por si eso fuera poco,
giras sin billete en un carrusel de planetas
y junto a éste, de gorra, en un torbellino de galaxias,
en unos tiempos tan vertiginosos
que nada aquí en la tierra llega ni siquiera a moverse.
Porque mira bien:
la mesa está donde estaba,
en la mesa una carta, colocada como estaba,
a través de la ventana un soplo solamente de aire,
y en las paredes ninguna terrorífica fisura
por la que el viento se te lleva a ninguna parte.
Wislawa Szymborska.
Pesas.
A todos nos pasa, tenemos épocas
en las que decidimos desafiar ferozmente a todos y a
todo.
primero decidimos ponernos en forma.
empezamos a levantar pesas otra vez,
los músculos lacios responden a regañadientes.
luego volvemos a
merodear por los antros
más duros,
sentados tranquilamente, a la espera de que
surjan problemas, desafiando a los
problemas a que asomen la cara
hasta que por fin llegan encarnados en algún mugriento
borracho
rastrero
con puños de martillo.
surge un
malentendido
y afuera que vamos,
puño contra hueso,
encajamos lo que venga,
lanzamos puñetazos desde el
hombro,
gruñimos,
cogemos aire a bocanadas,
esquivamos golpes a manotazos,
los pies bien plantados,
el gentío borracho y alborotado
jadea a la espera
de que alguno fallezca,
el que sea.
sopesas a los tipos con puños de martillo
uno a uno
algunos te parecen
deficientes pero,
por suerte, no
todos.
a las mujeres de mala vida les encantan
los tipos que
pelean.
y ahora se descuelgan
hasta tu habitación
en penumbra,
excitadas por tu
estúpido
valor
pero no tardarán
en empezar a
sorberte la
independencia;
con paciencia,
con maña,
intentarán reclamarte
permanentemente como algo de su propiedad
haciendo que,
en comparación,
esos borrachos con puños de martillo
empalidezcan y
resulten
inofensivos.
entonces, una noche,
estás sentado
en tu habitación de un hotel
barato
con
quien sea
y ella habla de su
desdichada infancia o de
aquella vez que
cruzó sola haciendo autostop
el indómito Amazonas
y te alcanza como una
patada en la tripa:
¿Qué estoy haciendo conmigo
y por qué?
y dejas de levantar
pesas y
la dejas o mejor
aún, dejas que te
deje.
luego dejas tus planes desacertados.
dejas lo de ponerte
a prueba;
ponerte a prueba
resulta no tener mayor
importancia.
no es más que
la vanidad, que atiborra
su propia masa
abotargada.
retrocedes,
te reagrupas.
es sencillo.
un mes despúes, en algún
lugar público,
un bruto con pinta de palurdo*
te clava el codo, te empuja
un poco.
tiene prisa por
algo y
tú te has cruzado un tanto
en su camino.
le miras a los
ojos.
-perdona, tío -le
dices-. ¿todo bien?
se queda perplejo, no
lo entiende en
absoluto.
bien.
un hombre tiene que dar la vuelta completa,
volver por fin adonde
estaba.
a veces hace falta una
temporada.
otras veces, quizá, le resulta
imposible.
pero desde que
por fin lo he logrado,
me he vuelto razonable y cuerdo de nuevo,
las mujeres se han vuelto
más hermosas y las
habitaciones más grandes y luminosas,
no es que fuera buscando lo
uno ni lo otro
pero, al cabo, me han
encontrado.
como es natural, sigo levantando
pesas muy de
vez
en cuando;
las viejas costumbres suelen
tardar tanto en morir
como los
hombres viejos.
Charles Bukowski
*Palurdo.
Dicho por lo común de la gente del campo y de las aldeas: Tosca, grosera. U. t. c. s.
en las que decidimos desafiar ferozmente a todos y a
todo.
primero decidimos ponernos en forma.
empezamos a levantar pesas otra vez,
los músculos lacios responden a regañadientes.
luego volvemos a
merodear por los antros
más duros,
sentados tranquilamente, a la espera de que
surjan problemas, desafiando a los
problemas a que asomen la cara
hasta que por fin llegan encarnados en algún mugriento
borracho
rastrero
con puños de martillo.
surge un
malentendido
y afuera que vamos,
puño contra hueso,
encajamos lo que venga,
lanzamos puñetazos desde el
hombro,
gruñimos,
cogemos aire a bocanadas,
esquivamos golpes a manotazos,
los pies bien plantados,
el gentío borracho y alborotado
jadea a la espera
de que alguno fallezca,
el que sea.
sopesas a los tipos con puños de martillo
uno a uno
algunos te parecen
deficientes pero,
por suerte, no
todos.
a las mujeres de mala vida les encantan
los tipos que
pelean.
y ahora se descuelgan
hasta tu habitación
en penumbra,
excitadas por tu
estúpido
valor
pero no tardarán
en empezar a
sorberte la
independencia;
con paciencia,
con maña,
intentarán reclamarte
permanentemente como algo de su propiedad
haciendo que,
en comparación,
esos borrachos con puños de martillo
empalidezcan y
resulten
inofensivos.
entonces, una noche,
estás sentado
en tu habitación de un hotel
barato
con
quien sea
y ella habla de su
desdichada infancia o de
aquella vez que
cruzó sola haciendo autostop
el indómito Amazonas
y te alcanza como una
patada en la tripa:
¿Qué estoy haciendo conmigo
y por qué?
y dejas de levantar
pesas y
la dejas o mejor
aún, dejas que te
deje.
luego dejas tus planes desacertados.
dejas lo de ponerte
a prueba;
ponerte a prueba
resulta no tener mayor
importancia.
no es más que
la vanidad, que atiborra
su propia masa
abotargada.
retrocedes,
te reagrupas.
es sencillo.
un mes despúes, en algún
lugar público,
un bruto con pinta de palurdo*
te clava el codo, te empuja
un poco.
tiene prisa por
algo y
tú te has cruzado un tanto
en su camino.
le miras a los
ojos.
-perdona, tío -le
dices-. ¿todo bien?
se queda perplejo, no
lo entiende en
absoluto.
bien.
un hombre tiene que dar la vuelta completa,
volver por fin adonde
estaba.
a veces hace falta una
temporada.
otras veces, quizá, le resulta
imposible.
pero desde que
por fin lo he logrado,
me he vuelto razonable y cuerdo de nuevo,
las mujeres se han vuelto
más hermosas y las
habitaciones más grandes y luminosas,
no es que fuera buscando lo
uno ni lo otro
pero, al cabo, me han
encontrado.
como es natural, sigo levantando
pesas muy de
vez
en cuando;
las viejas costumbres suelen
tardar tanto en morir
como los
hombres viejos.
Charles Bukowski
*Palurdo.
Dicho por lo común de la gente del campo y de las aldeas: Tosca, grosera. U. t. c. s.
Murió un 9 de abril de 1553.
En la cama con gripe leyendo a Rabelais
mientras el gato ronca
el inodoro
sisea
y me arden los ojos.
dejo a Rabelais
y parpadeo.
es lo que hacen entre sí
todos
los escritores.
lo sustituyo
por una
cápsula
de vitamina C.
si tan sólo pudieramos tragarnos
la muerte
de la misma manera (creo que
podemos)
o que la muerte nos tragara
de esa manera (creo que
puede).
la vida no es lo que
creemos que
es, sólo es lo que nos
imaginamos que
es
y para nosotros
lo que imaginamos
acaba siendo
principalmente eso.
me imagino
librado de esta
gripe.
me veo recorriendo las
aceras de nuevo entre
los tiburones
de este mundo...
mientras tanto, el gato, como la mayoría
de las demás cosas, se
acerca empujando.
lo aparto con cuidaddo,
pensando: Rabelais
tú sí que fuiste
grande.
después me tumbo mientras el techo
me observa y
espera.
Charles Bukowski.
mientras el gato ronca
el inodoro
sisea
y me arden los ojos.
dejo a Rabelais
y parpadeo.
es lo que hacen entre sí
todos
los escritores.
lo sustituyo
por una
cápsula
de vitamina C.
si tan sólo pudieramos tragarnos
la muerte
de la misma manera (creo que
podemos)
o que la muerte nos tragara
de esa manera (creo que
puede).
la vida no es lo que
creemos que
es, sólo es lo que nos
imaginamos que
es
y para nosotros
lo que imaginamos
acaba siendo
principalmente eso.
me imagino
librado de esta
gripe.
me veo recorriendo las
aceras de nuevo entre
los tiburones
de este mundo...
mientras tanto, el gato, como la mayoría
de las demás cosas, se
acerca empujando.
lo aparto con cuidaddo,
pensando: Rabelais
tú sí que fuiste
grande.
después me tumbo mientras el techo
me observa y
espera.
Charles Bukowski.
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Armando Guerrero, Oaxaca, México.