Cálculo Elegíaco.

Cuántos de los que he conocido
(si de verdad los he conocido)
hombres, mujeres
(si esta división sigue vigente)
han atravesado este umbral
(si esto es un umbral)
han cruzado este puente
(si se puede llamar puente).
Cuántos después de una vida más corta o más larga
(si para ellos en eso sigue habiendo alguna diferencia)
buena porque ha acabado
mala porque ha acabado
(si no prefirieran decirlo al revés)
se han encontrado en la otra orilla
(si se han encontrado)
y si la otra orilla existe.
No me es dado saber
cuál fue su destino
(ni siquiera si se trata de un solo destino,
y si hay todavía destino).
Todo
(si con esta palabra no lo delimito)
ha terminado para ellos
(si no lo tienen por delante).
Cuántos han saltado del tiempo en marcha
y se pierden a lo lejos con una nostalgia cada vez
mayor
(si merece la pena creer en perspectivas).
Cuántos
(si la pregunta tiene algún sentido,
si se puede llegar a la suma final
antes de que el que cuenta se cuente a sí mismo)
han caído en el más profundo de los sueños
(si no hay otro más profundo).
Hasta la vista.
Hasta mañana.
Hasta la próxima.
Ya no quieren
(si es que no quieren) repetirlo.
Condenados a un interminable
(si no es otro) silencio.
Ocupados sólo con aquello
(si es sólo con aquello)
a lo que los obliga la ausencia.

Wislawa Szymborska.

Amor feliz.

Un amor feliz. ¿Es normal,
serio, útil?
¿Qué saca el mundo de dos personas
que no ven el mundo?

Encumbrados hacia sí mismos sin mérito alguno,
dos al azar entre un millón, pero seguros
de que así tenía que ocurrir-¿como premio de qué?, de
nada;
la luz llega desde ninguna parte-,
¿por qué cae precisamente sobre ellos y no cae sobre otros?
¿ofende eso a la justicia? Asi es.
¿Viola principios cuidadosamente almacenados, derriba
de su cima a la moral? Viola y derriba.

Mira qué felices:
¡si disimularan aunque fuera un poco,
si fingieran aflicción para animar a los amigos!
Escucha cómo ríen. Es insultante.
Qué lenguaje utilizan, aparentemente comprensible.

Y esas ceremonias suyas, esas celebraciones,
sus rebuscadas obligaciones de unos para con otros,
¡parece una conspiración a espaldas de la humanidad!

Resulta incluso difícil prever qué sucedería
si pudiera cundir su ejemplo
Qué podrían hacer religiones, poesías;
qué se recordaría, qué se abandonaría,
quién querría permanecer en el circulo.

Un amor feliz. ¡Es necesario?
El tacto y el sentido común nos obligan a callar al respecto
como si de un escándalo en las altas esferas de la Vida se
tratara.
Espléndidos bebés nacen sin su ayuda.
Nunca podría poblar la tierra
no es, que digamos, muy frecuente.

Que la gente que no conoce un amor feliz
afirme que no existe un amor feliz en ningún sitio.

Con esa creencia les será más llevadero vivir, y también morir.

Wislawa.

Retrato de mujer.

Tiene que ser para elegir.
Cambiar para que no cambie nada.
Es fácil, imposible, difícil, vale la pena intentarlo.
Tiene ojos, si hace falta, a veces grises, otras azules,
negros, alegres, llenos de lágrimas sin motivo.
Se acuesta con él como primera de la fila, la única en el mundo.
Le da cuatro hijos, no le da hijos, le da uno.
Ingenua, pero da buenos consejos.
Débil, pero puede con la carga.
No tiene nada en la cabeza, pero lo va a tener.
Lee a Jaspers y revistas femeninas.
No sabe para qué es ese tornillo y construye un puente.
Joven, como de costumbre joven, constantemente joven.
Tiene en la mano un gorrión con el ala rota,
su propio dinero para un viaje largo y lejano,
un cuchillo, una compresa y un vaso de vodka.
A dónde va con tanta prisa, ¿no estará cansada?
Claro que no, sólo un poco, mucho, no importa.
O lo ama o está encaprichada.
En las buenas, en las malas y por el amor de Dios.

Szymborska.

Bajo una pequeña estrella.

Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño a las cinco de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos, cada una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas y que me esfuerce después para que parezcan ligeras.

Wislawa.

Elogio de los sueños.

En mis sueños
pinto como Vermeer van Delft.

Hablo fluidamente griego
y no sólo con los vivos.

Manejo un automóvil
que me obedece.

Tengo talento,
escribo grandes poemas.

Escucho voces,
tan bien como los grandes santos.

Se asombrarían ustedes
de mi virtuosismo al piano.

Vuelo como debe ser,
es decir, por mí misma.

Al caer del tejado,
sé caer suavemente en lo verde.

No me es difícil
respirar bajo el agua.
No me quejo:
he logrado descubrir la Atlántida.

Me alegra, antes de morir,
conseguir siempre despertar.

Inmediatamente después del estallido de la guerra,
me giro sobre mi mejor costado.

Soy, pero no necesito
ser hija de la época.

Hace unos años
vi dos soles.

Y anteayer un pingüino,
con la más absoluta claridad.

Wislawa Szymborska.

Una del montón.

Soy la que soy.
Casualidad inconcebible
como todas las cosas.

Otros antepasados
podrían haber sido los míos
y yo habría abandonado
otro nido,
o me habría arrastrado cubierta de escamas
de debajo de algún árbol.

En el vestuario de la naturaleza
hay muchos trajes.
Traje de araña, de gaviota, de ratón de monte.
Cada uno, como hecho a medida,
se lleva dócilmente
hasta que se hace tiras.

Yo tampoco he elegido,
pero no me quejo.
Pude haber sido alguien
mucho menos personal.
parte de un banco de peces, de un hormiguero, de un enjambre,
partícula del paisaje sacudida por el viento.

Alguien mucho menos feliz,
criado para un abrigo de pieles
o para una mesa navideña,
algo que se mueve bajo el cristal de un microscopio.

Árbol clavado en la tierra,
al que se aproxima un incendio.

Hierba arrollada
por el correr de incomprensible sucesos.

Un tipo de mala estrella
que para algunos brilla.

Y si despertara miedo en la gente,
o sólo asco,
o sólo compasión?

Y si hubiera nacido
no en la tribu debida
y se cerraran ante mí los caminos?

El destino, hasta ahora,
ha sido benévolo conmigo.

Pudo no haberme sido dado
recordar buenos momentos.

Se me puede haber privado
de la tendencia a comparar.

Pude haber sido yo misma, pero sin que me sorprendiera,
lo que habría significado
ser alguien totalmente diferente.

Wislawa.

Llave.

Había una llave y de pronto no hay llave.
¿Cómo entraremos en casa?
Quizá alguien la encuentre tirada,
la vea ¿y luego qué?
Camine, juguetee, la eche al aire
como si fuera chatarra.

Si al amor que yo te tengo
le sucediera lo mismo,
no sólo a nosotros, sino a todo el mundo
se le perdería ese amor.
En unas manos extrañas
no abrirá ninguna casa
y sólo será una forma,
¡y que la corroa la herrumbe!

Este horóscopo no surge
de las cartas, de los astros, ni del grito de la lumbre.

WS.

Antes nos sabíamos el mundo al azar...

ANTES NOS SABÍAMOS EL MUNDO AL AZAR:
era tan pequeño que cabía en un apretón de manos,
tan fácil que se podía describir con una sonrisa,
tan común como en una plegaria el eco de las viejas verdades.

La historia nos saludaba con fanfarrias victoriosas:
en nuestros ojos entraba arena sucia.
Teníamos por delante caminos lejanos y ciegos,
pozos contaminados, pan amargo.

Nuestro botín de guerra es el conocimiento del mundo:
es tan grande que cabe en un apretón de manos,
tan difícil que se puede describir con una sonrisa.
tan extraño como en una plegaria el eco de las viejas verdades.

Wislawa Szymborska.

Algo evidente.

Henos aquí, amantes desnudos,
bellos -y mucho- para nosotros mismos,
sólo cubiertos con hojas de párpados,
recostados en una noche profunda.

Pero saben ya de nosotros, saben,
estas cuatro esquinas, este quinto horno,
esas sombras sagaces sentadas en las sillas
y la mesa con su muy significativo silencio.

Y saben los vasos por qué, en el fondo,
el té se enfría sin que nadie se lo tome.
Swift ya no tiene ninguna esperanza,
nadie lo leerá esta noche.

¿Y los pájaros? No te hagas ilusiones:
ayer vi cómo en el cielo
escribían abierta y claramente
el nombre con el que te llamo.

¿Y los árboles? Dime qué quiere decir
su murmullo infatigable.
Dices: tal vez el viento tenga a bien saber.
¿Y cómo supo el viento de lo nuestro?

Entra por la ventana una mariposa nocturna
y con sus alas velludas
ensaya despegues y aterrizajes
zumbando terca sobre nuestras cabezas.

¿Acaso no ve más que nosotros
con agudeza de su vista de insecto?
Yo no lo presentí, tú no lo adivinaste:
nuestros corazones brillan en la oscuridad.


Wislawa Szymborska.

Noticias del hospital.

Echamos suertes quién debía ir a verlo.
Me tocó a mí. Me levanté de la mesa.
Se acercaban ya las horas de visita al hospital.

No respondió nada a mi saludo.
Quería cogerle de la mano, la apretó
como un perro hambriento que no suelta su hueso.

Parecía como si le diera verguenza morir.
No sé de qué se habla con alguien como él.
Nuestras miradas se evitaban como en un fotometraje.

No dijo ni quédate, ni vete.
No preguntó por nadie de los de nuestra mesa.
Ni por tí, Juancho, ni por tí, Moncho, ni por tí Pancho.

Empezó a dolerme la cabeza. ¿Quién se le muere a quién?
Exalté la medicina y las tres lilas del vaso.
Hablé del sol y fuí apagándome.

Qué bien que haya peldaños para salir corriendo.
Qué bien que haya una puerta para poder abrirla.
Qué bien que me esperas en esa mesa.

El olor a hospital me provoca náuseas.

Wislawa Szymborska.

Las tres palabras más extrañas.

CUANDO PRONUNCIO LA PALABRA FUTURO,
la primera sílaba pertenece ya al pasado.

Cuando pronuncio la palabra silencio,
lo destruyo.

Cuando pronuncio la palabra Nada,
creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.

Wislawa Szymborska.

Posibilidades.

Prefiero el cine.
Prefiero los gatos.
Prefiero los robles a orillas del río.
Prefiero Dickens a Dostoievski.
Prefiero que me guste la gente
a amar a la humanidad.
Prefiero tener en la mano hilo y aguja.
Prefiero no afirmar
que la razón es la culpable de todo.
Prefiero las excepciones.
Prefiero salir antes.
Con los médicos prefiero hablar de otra cosa.
Prefiero las viejas ilustraciones.
Prefiero lo ridículo de escribir poemas
a lo ridículo de no escribirlos.
En el amor prefiero los aniversarios
que se celebran todos los días.
Prefiero a los moralistas
que no me prometen nada.
Prefiero la bondad del sabio a la del demasiado crédulo.
Prefiero la tierra vestida de civil.
Prefiero los países conquistados a los conquistadores.
Prefiero tener reservas.
Prefiero el infierno del caos al infierno del orden.
Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas
del periódico.
Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas.
Prefiero los perros con la cola sin cortar.
Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros.
Prefiero los cajones.
Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado
a muchas otras que tampoco he dicho.
Prefiero el cero solo
al que hace cola en una cifra.
Prefiero el tiempo de los insectos al tiempo de las estrellas.
Prefiero tocar madera.
Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo.
Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad
de que todo tiene una razón de ser.

Wislawa Szymborska.

Estoy demasiado cerca.

Estoy demasiado cerca para que me sueñe.
No vuelo sobre él, no me le escapo
por las raíces de los árboles. Estoy demasiado cerca.
El pez en la red no canta con mi voz.
Ni rueda de mi dedo el anillo.
Estoy demasiado cerca. La gran casa se incendia
sin mí pidiendo ayuda. Demasiado cerca,
para que suene la campana en mi cabello.
Demasiado cerca como para poder entrar como invitado
frente al que se apartan las paredes.
Nunca más volveré a morir tan levemente
tan más allá de mi cuerpo, tan sin saberlo,
como alguna vez en su sueño. Estoy demasiado cerca,
demasiado cerca. Oigo el silbido
y veo la reluciente piel de esa palabra
inmovilizada en un abrazo. Él duerme,
más accesible en este instante para la cajera
del circo ambulante con un solo león, a la que ha visto una vez
en la vida, que para mí recostada a su lado
En él crece ahora un valle dorado para ella,
encerrado por una montaña nevada
en el aire azul. Yo estoy demasiado cerca
para caerle del cielo. Mi grito
podría sólo despertarlo. Pobre,
limitada a mi propio personaje;
y fui abedul, y fui lagarto
y salía de los tiempos y del atlas
cambiando mi piel de color. Y tenía
la gracia de esfumarme ante sus sorprendidos ojos,
riqueza de riquezas. Estoy cerca,
demasiado cerca para que me sueñe.
Y saco el brazo de bajo su cabeza,
entumido, lleno de agujas imaginarias
En la punta de cada una de ellas, esperando a ser contado,
reposa ángel caído.

Wislawa Szymborska.

Autotomía.

Ante el peligro, la holoturia se divide en dos:
con una parte se entrega para ser devorada por el
mundo,
con la otra huye.

Se divide violentamente en pérdida y en salvación,
en multa y premio, en lo que fue y lo que será.

En el centro del cuerpo de la holoturia se abre un
/precipicio
de dos orillas repentinamente ajenas entre sí.

En una orilla la muerte; en otra la vida.
Aquí la desesperación, allá la esperanza.

Si existe la balanza, los platillos no se mueven.
Si existe la justicia, hela aquí.

Morir lo necesario, sin exagerar.
Crecer lo necesario, de lo que se ha salvado.

Sabemos dividirnos, es verdad, también nosotros.
Pero sólo en cuerpo y susurro interrumpido.
En cuerpo y en poesía.

Aquí el corazón pesado, alla non omnis moriar,
tres pequeñas palabras como tres plumas al vuelo.

El precipicio no nos corta en dos.
El precipicio nos rodea.

Wislawa Szymborska.

Elogio de mi hermana.

MI HERMANA NO ESCRIBE VERSOS
y dudo que empiece de repente a escribir versos.
Lo sacó de mi madre, que no escribía versos,
y de mi padre, que tampoco escribía versos.
Bajo el techo de mi hermana me siento segura:
el marido de mi hermana por nada en el mundo escribiría
versos.
Y aunque esto suene a obra de Adam Macedonski,
ninguno de mis parientes se dedica a escribir versos.

En los cajones de mi hermana no hay viejos versos,
ni recién escritos en su bolso.
Y cuando mi hermana me invita a comer
sé que no es con la intención de leerme sus versos.
Sus sopas son exquisitas sin premeditación
y el café no se derrama sobre sus manuscritos.

En muchas familias nadie escribe versos.
Pero si lo hacen, es raro que sea sólo una persona.
A veces la poesía fluye en cascadas de generaciones,
lo que crea peligrosos remolinos en sus mutuos sentimientos.

Mi hermana cultiva una buena prosa hablada,
y toda su escritura son postales de sus vacaciones
con textos que prometen lo mismo cada año:
que cuando vuelva,
me contará todo,
todo,
todo.

Wislawa Szymborska.

Armando Guerrero, Oaxaca, México.