El amenazado


Es el amor. Tendré que ocultarme o huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado,
pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes:
el ejercicio de las letras,
la vaga erudición
el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte
para cantar sus mares y sus espadas,
la serena amistad,
las galería de las bibliotecas
las cosas comunes,
los hábitos
el joven amor de mi madre,
la sombra militar de mis muertos,
la noche intemporal,
el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo,
es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente,
ya el hombre se levanta a la voz del ave,
ya se han oscurecido los que miran por la ventana,
pero la sombra no ha traído la paz.
Es ya lo se, el amor:
la ansiedad y el alivio de oír tu voz,
la espera y la memoria
el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías,
con su pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos que cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.


J.L. Borges.

La baterista fenómeno


Esta niña debería hacer comerciales de shampoo
debería perpetuarse con el chicle en la boca
o masticando pop corn
Este cuero debería inscribirse en 1 conjunto de rock
& convertirse en 1 baterista fenómeno
Su cuerpo de camaleón engendrado en cajas de paja
como medicina carísima me saca de quicio
Esta niña tan vamp
tan coqueta & tan niña
tan dengues groseros
& luego tan bien comportada
Esta niña amante segura de Bécquer
-los Beatles tan monos –tan ricos
las alfombras persas
los ice creams sodas en tiempos de guerra
& yo tan against the law
& yo tan far out
& yo tan dado a dar puntapiés a las nubes
& yo renegando del sheriff
& queriendo volar a otro Oeste
odiando a Búfalo Bill
& queriendo asumir esta condición de piel roja
Esta niña que me deja con las manos en los bolsillos
sobándome sobándome sobándome…



M.S. Papasquiaro.

Las palabras exactas


Diez millones de puertas acaban de cerrarse. Un millón de palabras
se acaban de decir. Un millón. Una sola.
El mundo se mueve, los ríos entran en la garganta de leones y antílopes,
el árbol crece, se reduce el anciano, la sangre se abre paso
a través de una piel joven, hogueras enormes se encienden en el este,
se inclinan los árboles por el peso de la nieve en el norte,
las focas avanzan como astillas que penetran la espalda de las aguas glaciales,
un hombre se arrodilla y utiliza palabras temblorosas
para decir una oración, nadie le escucha, él mismo no comprende lo dicho.
Todo avanza. Los días se repiten como el estribillo de una canción
y lo que cuenta ya ha sido contado antes.
El pasado dio un paso y me alcanzó.
La antigua constelación ha llegado por fin a la pupila del astrónomo.
Y aunque todo lo que partió de mí ha regresado a mí de muchas formas distintas,
nada puede explicarme ese rumor que avanza en lo subterráneo
como una colonia de hormigas que crece a través de lo que devora.
Nadie puede explicarme tampoco este instante más grande
ni puede darle un nombre a esta escena de siluetas que crecen sobre el polvo.
Esta noche la brisa en mi cabello también es un fantasma que me cuenta una historia
que no quiero escuchar: la de esos bellos muertos que también son mis muertos,
las siluetas atrás tiradas como arbustos en la niebla nocturna.
Un millón de ventanas acaban de cerrarse y otro millón de abrirse.
Sobre esta calle larga camino. Nada existe
de lo que me rodea. El mundo es una sombra que envuelve mi cabeza.


Jorge Galán.

Godzilla en México


Atiende esto, hijo mío: las bombas caían
sobre la ciudad de México
pero nadie se daba cuenta.
El aire se llevó el veneno a través
de las calles y las ventanas abiertas.
Tú acababas de comer y veías en la tele
los dibujos animados.
Yo leía en la habitación de al lado
cuando supe que íbamos a morir.
Pese al mareo y las náuseas me arrastré
hasta el comedor y te encontré en el suelo.
Nos abrazamos. Me preguntaste qué pasaba
y yo no dije que estábamos en el programa de la muerte
sino que íbamos a iniciar un viaje,
uno más, juntos, y que no tuvieras miedo.
Al marcharse, la muerte ni siquiera
nos cerró los ojos.
¿Qué somos?, me preguntaste una semana o un año después,
¿hormigas, abejas, cifras equivocadas
en la gran sopa podrida del azar?
Somos seres humanos, hijo mío, casi pájaros,
héroes públicos y secretos.



Roberto Bolaño.

Amor en el hospicio


Una extraña ha venido
a compartir mi cuarto en esta casa que anda
mal de la cabeza,
una muchacha loca como los pájaros
traba la puerta de la noche con sus brazos, sus plumas.
Ceñida en la revuelta cama
alucina con nubes penetrantes esta casa a prueba de cielos
hasta alucina con sus pasos este cuarto de pesadilla,
libre como los muertos
o cabalga los océanos imaginarios del pabellón de hombres.
Ha llegado posesa
la que admite la alucinante luz a través del muro
saltarín,
posesa por los cielos
ella duerme en el canal estrecho, hasta camina en el polvo
hasta desvaría a gusto
sobre la mesa del manicomio adelgazada por mis lágrimas.
Y tomado por la luz de sus brazos, al fin, mi Dios, al fin
puedo yo de verdad
soportar la primera visión que incendia las estrellas.



Dylan M. Thomas.

[Nada queda de nada. Nada somos]


Nada queda de nada. Nada somos
Un poco al sol y al aire demoramos
la irrespirable tiniebla que nos pese
        de la húmeda tierra impuesta,
cadáveres aplazados que procrean.

Leyes hechas, estatuas altas, acabadas odas:
todo tiene su tumba. Si nosotros, carnes
a que un íntimo sol da sangre, tenemos
       poniente, ¿por qué no ellas?
Somos cuentos contando cuentos, nada.


Ricardo Reis.

El cielo inacabado


El abatimiento detiene su curso
La angustia detiene su curso
El buitre frena su vuelo.


Fogosa, la luz fluye,
incluso los fantasmas le dan un trago.


Y nuestros cuadros en el día,
nuestras bestias rojas de los talleres de la era glacial.


Todo comienza a ver alrededor.
Caminamos por cientos bajo el sol.


Cada hombre es una puerta entreabierta
que da a una sala para todos.


El suelo interminable bajo nuestros pies.


El agua brilla entre los árboles.


El lago es una ventana a la tierra.


Tomas Tranströmer.

La noche en la isla


Toda la noche he dormido contigo
junto al mar, en la isla.
Salvaje y dulce eras entre el placer y el sueño,
entre el fuego y el agua.

Tal vez muy tarde
nuestros sueños se unieron
en lo alto o en el fondo,
arriba como ramas que un mismo viento mueve,
abajo como rojas raíces que se tocan.

Tal vez tu sueño
se separó del mío
y por el mar oscuro
me buscaba
como antes
cuando aún no existías,
cuando sin divisarte
navegué por tu lado,
y tus ojos buscaban
lo que ahora
—pan, vino, amor y cólera—
te doy a manos llenas
porque tú eres la copa
que esperaba los dones de mi vida.

He dormido contigo
toda la noche mientras
la oscura tierra gira
con vivos y con muertos,
y al despertar de pronto
en medio de la sombra
mi brazo rodeaba tu cintura.
Ni la noche, ni el sueño
pudieron separarnos.

He dormido contigo
y al despertar tu boca
salida de tu sueño
me dio el sabor de tierra,
de agua marina, de algas,
del fondo de tu vida,
y recibí tu beso
mojado por la aurora
como si me llegara
del mar que nos rodea.



Pablo Neruda.

Tarde en cámara lenta


Tu cuerpo, el mundo, corre.
Mis ojos, el mundo, también.
Nadie ama dos veces con los mismos ojos.
Contemplar: confluir.


Gabriel Zaid.

[De todo, quedaron tres cosas]


De todo, quedaron tres cosas:
la certeza de que estaba siempre comenzando,
la certeza de que había que seguir
y la certeza de que sería interrumpido
antes de terminar.

Hacer de la interrupción un camino nuevo,

hacer de la caida, un paso de danza,
del miedo, una escalera,
del sueño, un puente, de la búsqueda,...un encuentro.


Fernando Pessoa.

Armando Guerrero, Oaxaca, México.