Meta.


Los pentagramas:
Trazar afinar interpretar modular
Y ya casi lo tengo...
No no no no no no no
Dudar replantear finalmente descartar.
Mejor así.

Las palabras:
Introspeccionar deducir imaginar escribir
Y ya casi lo tengo...
No no no no no no no
Dudar reordenar finalmente desechar.
Mejor así.

El amor:
Encapricharse fascinarse implicarse sucumbir
Y ya casi lo tengo...
No no no no no no no
Reflexionar racionalizar finalmente desengañarse.
Mejor así.

Cualquier meta:
Plantear interesarse planificar trabajar
y a un paso de alcanzarla
finalmente desistir, aniquilarla de raíz
antes de que su consecución
-y segura decepción y posterior vacio-
nos aniquile a nosotros.
Mejor así.

Sergi Puertas.

Inmortalidad.


El hecho de evitar
llenar la propia juventud de
ilusiones descabelladas
desesperación absoluta
alcohol
mujeres
drogas
demencia
garantiza la inmortalidad.

Es esta
una inmortalidad
absoluta e irreversible.

Pues
necesario es para morir
haber vivido previamente.

Sergi Puertas.

Así funciona.


Si supieras
lo que pasa por mi cabeza, me amarías.
Si lo dijera, huirías.
Como lo callo, me ignoras.

Sergi Puertas.

Soporte.


Al no existir soporte físico
capaz de almacenar
un sentimiento un estado de animo un orgasmo

muchos garabateamos un papel
inútilmente.

Sergi Puertas.

Sobre todo.


Es en tardes bobas o en mañanas descabelladas
cuando profano el acuerdo tácito
de percibir al día y a las gentes
y a las cosas inservibles de plástico rojo
como de pequeño me enseñaron a percibirlas
un padre simple una mama conforme
y un rebaño de maestros obtusos y ciegos.

El sueño de cordura y sensatez se diluye de pronto
en una vorágine de sinrazón de la que
nadie sale bien librado: El autobús es tan irracional
como el ticket de la compra o mi colección de camisetas negras;
Tan extravagante el señor que me vende tabaco
como mi amiga del alma.

La normalidad se me derrite como un helado de piña
del que todos maman y que yo ya no atino ni a olisquear:
Soy el único que puede ver a los marcianos y estoy solo:
Si hablara me encerrarían y tirarían la llave al río.

Quedo entonces de pie pasmado
chupando de un cigarrillo ilógico
entretanto en mis tripas se revuelven
las preguntas que hasta entonces logré amansar
dándoles tontería y cerveza y algún polvo ocasional:
como cuándo dónde por qué y sobre todo para qué.

Sobre todo para qué todo.

Sergi Puertas.

Vacaciones (Stranger in strange land)


Estoy tan solo que temo por mi alma
mi cordura.
Hace días que no hablo. No me hablan:
Gesticulo y señalo frente a las cartas de los restaurantes.
En 5 días
sólo 2 camellos (¿Quiere haxis primo?)
y 1 prostituta (Speak english? Make love?)
se han dirigido a mí. Querían, claro, mi dinero.
Soy invisible para el resto.

Ando calles que no entiendo
fumando y sudando y jadeando sin rumbo.

¿Qué vine a buscar aquí? Lo he olvidado.
¿Qué obtuve? Lo que merezco.

Ya no comprendo ni soporto
tranvías fachadas monumentos.

Desfallezco. Me siento.
¿Qué quiero?

Me quedaré muy quieto.

Sergi Puertas.

Charles Bukowski.



Henry Charles Bukowski 1920-1994, nació en la ciudad alemana de Andernach, pero a los dos años se trasladó con su familia a Baltimore y, más tarde, se mudaron a California, donde vivió gran parte de su vida. Durante muchos años y tras un breve paso por la universidad, se ganó la vida con trabajos temporales, espaciados por los periodos de vacaciones que se tomaba cuando tenía suerte en las apuestas del hipódromo.

Empezó a escribir cuentos siendo muy joven, pero tras un primer relato publicado en la revista “Story Magazine” en 1944, abandonó la literatura por un periodo de diez años, desencantado del proceso que implicaba el publicar. Durante esta década llevó una vida de extremos y excesos motivados por su afición al alcohol que habrá de ser, su numen. En su alcoholismo Bukowski encontraría la inspiración (y la razón) para desarrollar una literatura profunda y punzante que expone al ser humano sin apariencia, que sangra bajo la piel.

“El alcohol es probablemente una de las mejores cosas que han llegado a esta tierra, además de mí. Entonces nos llevamos bien. Es destructivo para la mayoría de la gente, pero yo soy un caso aparte. Hago todo mi trabajo creativo cuando estoy intoxicado. Incluso me ha ayudado con las mujeres. Es una liberación porque básicamente yo soy una persona tímida e introvertida, y el alcohol me permite ser este héroe que atraviesa el espacio y el tiempo, haciendo un montón de cosas atrevidas... Entonces el alcohol me gusta, cómo no”.

En 1964 tuvo una hija con su pareja Frances Smith. Cuando se instaló en Tucson, la amistad con Jon Webb y Gypsy Lou fue determinante para que Bukowski se decidiera a publicar y a vivir de la literatura.

En 1969, tiempo después de haber publicado algunos poemas en la revista literaria “The Outsider” y escribir su columna titulada “Notes of a Dirty Old Man” para el periódico independiente “Open City” (de Los Ángeles) y después para “Los Ángeles Free Press”, llegó la oportunidad en la cual el editor John Martin (de Black Sparrow Press) le ofreció 100 dólares mensuales por el resto de su vida a cambio de que se dedicara a la escritura.

Charles Bukowski escribió el primer poema a los 35 años, su poesía está marcada por un realismo provocador, descarnado y lírico; a un tiempo explícito, brutal en ocasiones, abundante en datos autobiográficos, personalísimos y plenos de humor ácido y desencantado.

No puede olvidarse a propósito de su humor, la entrevista que le hizo Sean Penn al declarar lo que pensaba sobre las mujeres: “Yo las llamo máquinas de quejarse. Las cosas con un tipo nunca están bien para ellas. Y cuando me tiran toda esa histeria... Tengo que salir, agarrar el auto e irme a cualquier parte. Tomar una taza de café en algún lado. En cualquier lado. Cualquier cosa menos otra mujer. Supongo que están construidas de diferente manera, ¿no? Cuando la histeria empieza, se acaba todo. Uno se tiene que ir, ellas no entienden por qué. ¿Adónde vas?, te gritan. ¡Me voy a la mierda, nena!. Piensan que soy un misógino, pero no es verdad. Eso es mentira. Seguro, a veces pinto una mala imagen de las mujeres en mis cuentos o poemas, pero con los hombres hago lo mismo. Incluso yo salgo mal parado muchas veces. Si realmente pienso que algo es malo, digo que es malo, sea hombre, mujer, niño o perro. Las mujeres son tan quisquillosas, piensan que me las agarro con ellas en particular. Ése es su problema”.

En 1970 decidió renunciar a su trabajo en la oficina de correos para dedicarse a escribir todo el tiempo. Tenía 49 años. Por aquellos días escribió una carta en la que exponía los motivos de su decisión: “Tengo dos opciones, permanecer en una oficina y volverme loco o quedarme fuera y jugar a ser escritor y morirme de hambre. He decidido morir de hambre.”

A menos de un mes de haber dejado el trabajo en la oficina de correos, terminó su primera novela titulada “Post Office” (El Cartero). A ésta siguieron otras cinco, protagonizadas todas por Henry Hank Chinaski, alter ego del propio Bukowski, entre las que destaca “La senda del perdedor” (1982).

Los cuentos de Bukowski fueron reunidos en varios volúmenes, siendo el más conocido “Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones” (1972), en el que recoge relatos publicados anteriormente en varias revistas underground. Su obra inspiró a Marco Ferreri para realizar la película, “Tales of Ordinary Madness” (1981), a la que siguió “Barfly” (1989) de Barbet Schroeder, con guión del propio Bukowski.

La prosa de Bukowski es autobiográfica en un 90%, según el propio autor, mucho más que su poesía. El alcohol, el sexo, la soledad y los aspectos más absurdos y sórdidos de nuestra civilización ocupan un lugar de honor en la obra de Bukowski, que siempre evitó los ambientes literarios; prefería los bares y las habitaciones lúgubres.

Sobre la moral convencional opinaba que: “Puede que no exista el infierno, pero los que juzgan pueden crearlo. Pienso que la gente está sobredomesticada. Uno tiene que averiguar lo que le pasa, y cómo va a reaccionar. Voy a usar un término extraño aquí: el bien. No sé de dónde viene, pero siento que hay un básico rasgo de bondad en cada uno de nosotros. No creo en Dios, pero creo en esta ‘bondad’, como un tubo dentro de nuestros cuerpos. Puede ser alimentada. Siempre es mágica, por ejemplo cuando en una autopista sobrecargada de tráfico un extraño hace lugar para que alguien pueda cambiar de carril. Es esperanzador”.

Actualmente Bukowski es conocido como uno de los mejores y el último escritor de la generación Beat, a pesar de que nunca fue asociado con Jack Kerouac o Allen Ginsberg. El mismo Jean Paul Sartre lo consideró el mayor poeta americano.

Bukowski creó una obra que posee energía e identidad, cimientos de una actitud que niega las estructuras formales y de un realismo sucio que tiene momentos de belleza singular, la cual definía como algo relativo ya que "No existe algo como la belleza, especialmente en un rostro humano, eso que llamamos fisonomía. Todo es un imaginado y matemático alineamiento de rasgos. Por ejemplo, si la nariz no sobresale mucho, si los costados están bien, si las orejas no son demasiado grandes, si el cabello no es demasiado largo. Es una mirada generalizadora. La gente piensa que ciertos rostros son hermosos, pero, realmente, no lo son. La verdadera belleza, por supuesto, viene de la personalidad. No tiene nada que ver con la forma de las cejas. Me dicen de tantas mujeres que son hermosas, pero cuando las veo, es como mirar un plato de sopa”.

Hoy te dejo en compañía del poeta que alguna vez dijo de sí mismo: “Soy el que ahuyentó el miedo de la correa de mi padre cuando era azotado en el cuarto de baño, soy Bukowski, el que lo miró a los ojos y advirtió que ya no despedían fiereza, sino que parecían vacíos y evitaban los míos. Soy quien bebió whisky a su antojo en los céntricos bares de Los Ángeles, el escritor que inyecta sangre y “belleza”, soy la bestia, soy un hombre de palabras, soy la humedad de la noche; la caída vertiginosa del mundo, el rebelde que rió de su padre cuando le decía que debía ser ingeniero para ganar mucho dinero, soy quien junto a Hemingway exploró las corrientes subterráneas del corazón del hombre. Soy Bestiabuk el poeta que pasó toda la noche mirando la fiesta de graduación a través de la malla metálica de la ventana, soy el hombre de la barra que mira a esa joven hermosa con un trago en la mano susurrando a la oreja de su acompañante. Soy quien ve a muchos hombres muertos, recibiendo órdenes con una sonrisa de imbéciles, serviles y encantado de serlo. Soy Charles Bukowski, soy la orilla de un vaso que corta, soy sangre…”

El minuto.

~siempre estoy luchando por el siguiente
minuto~, le digo a mi mujer.
entonces ella empieza a decirme
lo equivocado que estoy.
las esposas tienen por costumbre
no creer lo que sus maridos
les dicen.

el minuto es algo muy
sagrado.
he luchado por cada uno desde la
infancia.
sigo luchando por cada uno.
no he estado nunca aburrido ni
sin saber qué hacer a continuación.
incluso cuando no hago nada
saco partido al tiempo.

no alcanzo a entender
por qué la gente tiene que ir
a parques de atracciones o películas
o sentarse delante de la tele
o hacer crucigramas
o ir de picnic
o visitar a los parientes
o viajar
o hacer la mayoría de las cosas
que hacen.
mutilan minutos
horas,
días,
vidas.

no tienen ni idea de lo
precioso que es un
minuto.

lucho por entender la esencia
de mi tiempo.
eso no significa que
no pueda relajarme
y tomarme una hora libre
pero debe de ser cuando
yo quiera.

luchar por cada minuto es
luchar por lo que es posible en
tu interior,
de manera que tu vida y tu muerte
no sea como la suya.

no seas como ellos
y sobrevivirás.

minuto a
minuto.

Charles Bukowski.

Se pone el sol.

Nadie lamenta mi marcha,
ni siquiera yo;
pero debería haber un juglar
o al menos una copa de vino.

me parece que molesta sobre todo a los jóvenes:
una muerte lenta y no violenta.
aun así, hace soñar a cualquier hombre;
deseas un viejo barco que se hace a la mar,
la blanca vela recubierta de sal
y el mar que sacude indicios de inmortalidad.

el mar en la nariz
el mar en el pelo
el mar en los tuétanos, en los ojos
y sí, ahí en el pecho.
¿echaremos de menos
el amor de una mujer o la música o la comida
o el retozar del recio caballo
furioso venga a cocear terrones y destinos bien lejos
justo en el momento en que se pone el sol?

pero ahora me ha llegado el turno
y no hay la menor majestad en ello
porque no hubo majestad
antes
y ninguno de nosotros, cual gusanos sacados a mordiscos
de nuestras manzanas,
merece indulto.

la muerte me entra en la boca
y me serpentea por los dientes
y me pregunto si me asusta este morir sordo
y apenas triste que es
como el marchitar de una rosa.

Charles Bukowski.

Especial 1990.

Rendido por los años,
hastiado hasta los huesos,
bailando en la oscuridad con la
oscuridad,
el Chico Suicida
encanecido.

¡ah, los fugaces veranos
pasados y desaparecidos
para siempre!

¿es la muerte
lo que me sigue los pasos
ahora?

no, no es mas que mi gato,
esta
vez.

Charles Bukowski.

Armando Guerrero, Oaxaca, México.