Una nota en la aldaba.

¿Sí?, dije, ¿de
verdad?
sí, me dijo, vive en
Malibu, voy a verla
esta noche.
ah, le dije, ¿lleváis
mucho tiempo saliendo?
claro que no, joder, no soy
masoquista.

se toqueteó la cadena de oro
y habló de
poesía. hablo de poesía
durante una
hora.

yo tampoco soy masoquista, le dije,
así que, ¿quieres
irte a tomar por
el culo?

se fue. pero sabía que
volvería.

él hablaba de
poesía. yo la
escribía.

era incapaz de entender
que ésta y nosotros
no éramos
lo mismo.

Charles Bukowski.

La vida en correos.

Me acurruco delante de un laberinto
de cajitas de madera
introduciendo tarjetas y cartas
dirigidas a vidas
inexistentes
mientras la ciudad entera festeja
y folla en la calle y canta
con los pájaros.
estoy bajo una lamparita eléctrica
y envío mensajes a un tal García muerto,
y soy lo bastante mayor para morir
(siempre he sido lo bastante mayor para morir)
mientras estoy plantado ante este laberinto de madera
y sacio su sorda sed;
esto es mi trabajo, mi alquiler, mi puta, mis zapatos,
la sanguijuela que me chupa el color de los ojos;
amo, maldito seas, me has encontrado,
con la boca fruncida
las manos arrugadas contra
el pecho sin sol moteado de rojo;
la calle es tan dura, al menos
concédeme el descanso por el que he pagado una vida,
y cuando llegue el Halcón
saldré a su encuentro,
nos abrazamos donde el papel de la pared está rasgado
de cuando entró la lluvia.
ahora estoy ante madera y números,
estoy ante un camposanto de ojos y bocas
de cabezas ahuecadas para las sombras,
y las sombras entran
cual ratones y me miran.
introduzco postales y cartas con números secretos mientras
agentes cortan cables y comprueban mi ritmo cardiaco,
escuchan en busca de cordura
o alegría o amor, y no encuentran nada,
satisfechos, se marchan;
adentro, adentro, adentro, estoy ante el laberinto de madera
y el alma se me desvanece
y más allá del laberinto hay una ventana
con sonidos, hierba, paseos, torres, perros,
pero aquí estoy y aquí me quedo,
enviando tarjetas con mi propia esquela impresa;
y estoy harto de afecto: vete de aquí, todo,
y envía fuego.

Charles Bukowski.

Paga el alquiler o lárgate.

En algún lugar la princesa muerta
yace con un nuevo amante;
sólo me quedan unos cuantos paquetes de tabaco
vacíos
rescatados de redes de añoranza
pero todo va bien
salvo por el color y el porte
de la avispa,
la cera demasiado roja
y una nota de la mujer en la colina
que me compra los cuadros:
~me preguntaba por ti. llámame.
con cariño, R.~,
y otra nota por debajo de la
puerta:
~paga el alquiler o lárgate~.
el calentador está encendido y
tengo un tarro de pura pimienta
molida delante,
y papel de máquina
para llenarlo de poemas;
todo va bien,
en las aceras resuena el chasquear de los
tacones,
arrancan motores,
y tengo que lavar estas malditas
tazas de café enfermas;
y me pregunto, ¿qué tal estás, amigo
mío?
¿qué tal te va? ¿decepcionado?
¿desdichado?
¿yo? es duro. duro como un
buen poema.
pero me siento bien,
y de veras,
en esencia, dentro de poco voy
a comer
picadillo o estofado, algo
de una lata.
también es posible que levante pesas y
espero
seguir sintiéndome bien, aunque la
radio se oye sucia
y habla de tonterías como
el buen servicio en los aviones;
ahora son las 7:30, y así es como
viven y mueren
los hombres: no a la manera de Eliot
sino
a la mía, a la nuestra,
quedos cual ala plegada,
el odio quemando igual que un tubo;
las cortinas se vienen abajo
desgarradas por el tiempo
y tengo un cuchillo a mi izquierda que
no cortaría una cebolla siquiera
pero no tengo cebollas que
cortar, y
espero que tú también te sientas
bien.

Charles Bukowski.

Plenitud.

Se adiestró en
la ira
el odio y la estrategia
artera.

siempre creí que
al final se le pasaría
que estaba atolondrada de
tanto concepto erróneo y malos
consejos.

siempre creí se le
pasaría.

escuché las acusasiones contra mí
a sabiendas de que algunas eran ciertas
pero desde luego no
lo bastante importantes
para convertirse en blanco de
violencia, envidia, venganza.

creía que sin duda se le
pasaría.

no monté ninguna
defensa
pensando que la razón
pausada
nos salvaría
a los dos
pero su determinación
se reafirmó;
incluso entonces
lo tomé por energía
testaruda y un exceso de
entusiasmo

pero en cuanto cedía terreno,
se me cogía más
terreno.

señor, pensé, no es más que simple
violencia.

así que saqué mi caballo del establo
al trote,
afilé los cuchillos y
lancé un
contraataque.

por fin había dado con
un oponente tan bueno como cabía
encontrar.

su determinación exigía su propia
destrucción.

había encontrado la horma
de su zapato.
monté en mi corcel
con la espada en alto
listo hasta para el sol.

siempre había pedido guerra,
le concedería su deseo,
maldito sea el amor ahora,
como maldito fue cuando
llegó en un principio.

mi reticencia
desaparecería
para siempre

y la sangre
manaría

la suya y la mía

tal como quería ella.

Charles Bukowski.

Sábanas.

Esas sábanas que lleva,
dijo la vieja
en el dep. de artículos de uso doméstico,
son para una cama de matrimonio.
¿tiene una cama de matrimonio o
cama individual?
bueno, verá, le respondí
mi cama es bastante rara, es
algo así como una cama individual y media.
descríbame su cama, me dijo.
¿cómo?
descríbame su
cama.
preferiría no hacerlo, le dije.
bueno, me dijo la vieja, quiero que sepa
que las sábanas que lleva son
para una cama de matrimonio, y si tiene una cama
individual, va contra las leyes del estado.
¿qué?, le pregunté.
repítalo.
he dicho que va contra las leyes del
estado.
¿lo que quiere decir...?, le pregunté.
quiero decir que no puede devolver esas sábanas
después de haber abierto el
envoltorio.
de acuerdo, dije, déme un par de
individuales.
me trató con cómodo
desdén. creo que la vieja llevaba en
sábanas toda la
vida. creo que deberían poner jovencitas
en el dep. de sábanas.
después de todo, las sábanas no me hacen pensar en
dormir
en absoluto
sino en algo completamente
distinto. sobre todo las sábanas blancas y
nuevecitas.
deberían poner a las viejas como ella en
comida para perros. o herramientas de jardín. y
cuando me dio las individuales supe que sabía que
dormía solo. igual que
ella.

Charles Bukowski.

Una nota sobre la tigresa.

Primero, una terrible pelea.
luego, hicimos el amor.
ahora, por fin, yazgo tranquilamente
en su cama grande
que está
cubierta por un campo de elegantes flores,
la cabeza y la barriga hacia abajo,
la cabeza de lado,
rociado por una luz mitigada
mientras se baña sin hacer ruido en el
cuarto de al lado.
todo eso se me escapa,
como se me escapa la mayor parte de las cosas.
escucha música clásica en una radio pequeña.
ella se baña.
oigo el chapaleo del agua.

Charles Bukowski.

Hombre que cortas el césped ahí enfrente.

Te observo pasear con tu aparato.
ah, eres demasiado estúpido para dejarte segar como la hierba,
eres demasiado estúpido para dejar que nada te viole...
las chicas no se servirán de sus cuchillos contigo,
no quieren,
su afilada hoja se desperdiciaría contigo,
sólo estás interesado en los partidos de béisbol,
las películas del oeste y las hojas de hierba.

¿no puedes encajar aunque sólo sea uno de mis cuchillos?
aquí tengo uno antiguo: me lo clavaron en 1955,
ahora está muerta, no dolería mucho.
no te puedo dar este último,
aún no me lo puedo sacar,
pero hay uno de 1964, ¿que tal si me libras
de este de 1964?

hombre que cortas el césped ahí enfrente,
¿no tienes algún cuchillo alojado en las entrañas
donde desapareció el amor?

hombre que cortas el césped ahí enfrente,
¿no tienes algún cuchillo alojado en lo más hondo del corazón
donde desapareció el amor?

hombre que cortas el césped ahí enfrente,
¿no ves a las jovencitas que caminan por las aceras ahora
mismo
con cuchillos en el bolso?
¿no ves sus preciosos ojos y vestidos y
cabello?
¿no ves sus preciosos culos y rodillas y
tobillos?

hombre que cortas el césped ahí enfrente,
¿eso es todo lo que ves, esas hojas de hierba?
¿eso es todo lo que oyes, el zumbido del cortacésped?

yo alcanzo a ver hasta Italia
hasta Japón
hasta Honduras
veo a las jovencitas afilando sus cuchillos
por la mañana y a mediodía y por la noche, y
sobre todo por la noche, ay,
sobre todo por la noche.

Charles Bukowski.

Un final verosímil.

Tendría que haber un lugar adonde ir
cuando no puedes conciliar el sueño
o estás cansado de emborracharte
y la hierba ya no da resultado,
y no me refiero a pasarse
al hachís o la cocaína,
me refiero a un lugar adonde ir aparte de
la muerte que aguarda
o un amor que ya no
funciona.

tendría que haber un lugar adonde ir
cuando no puedes conciliar el sueño
aparte de un televisor o una peli en el cine
o comprar un periódico
o leer una novela.

es no tener ese lugar adonde ir
lo que crea la gente que ahora está en los manicomios
y los suicidas.

supongo que lo que hace la mayoría de la gente
cuando no hay adonde ir
es ir a algún lugar o hacer algo
que no les satisface ni de lejos,
y ese ritual tiende a desbaratarlos
hasta permitirles seguir adelante de alguna manera
incluso sin esperanza.

esas caras que ves todos los días por la calle
no fueron creadas
del todo sin
esperanza: sé amable con ellas:
al igual que tú
no han
escapado.

Charles Bukowski.

Un poema para mi hija.

 

Se lo doy con la
cuchara: papilla de pollo con fideos
ciruelitas
un postre de frutas infantil.

se lo doy con la cuchara y
por el amor de Dios
no le eches la culpa a la
niña
no le eches la culpa al
gob.
no le eches la culpa a los jefes ni a las
clases trabajadoras...

méteselo
en esa boquita
como cera
fundida.

llama un amigo:
~¿qué vas a hacer ahora, Hank?
~¿qué demonios quieres decir con qué voy a
hacer?
~me refiero a que ahora tienes una responsabilidad, tienes
que educar
bien a la
cría.

en vez de eso le doy de comer:
¡se lo meto con la cuchara!
ojalá se haga con
un sitio en Beverly Hills
sin la menor necesidad de cobrar el paro en la vida
y nunca tenga que venderse al mejor
postor.

y nunca se enamore de un soldado o un asesino de cualquier
clase.

y ojalá
aprecie a Beethoven y Jelly Roll Morton y
los vestidos bonitos.

tiene una auténtica
oportunidad:
antes estaba el
Fondo Teórico y ahora está la
Gran Sociedad.

~¿vas a seguir apostando a los caballos? ¿vas a seguir
bebiendo? ¿vas a seguir ...?

~sí.

ella es una flor que se mece al viento en el centro absoluto de
mi corazón...

ahora duerme maravillosamente como una
barca en el Nilo.

es posible que algún día
me entierre.

eso estaría bien.

si no supusiera una
responsabilidad.

Charles Bukowski.

Una noche de abril sumamente oscura.

Cada hombre por fin atrapado y roto
cada tumba lista
cada halcón asesinado
y el amor y la suerte también.

los poemas han terminado
el gaznate* está seco.

supongo que no hay funeral para esto
ni lágrima
ni razón.

el dolor es el amo
el dolor es el mundo.

mis poemas tienen el gaznate
seco.

Charles Bukowski.

*Gaznate.
(Etim. disc.).
1. m. garguero.
2. m. Fruta de sartén en forma de gaznate.
3. m. Méx. Dulce hecho de piña o de coco.

Porque tenían cosas que decir.

Ahí estaban los canarios, y el limonero
y la vieja con verrugas;
y ahí estaba yo, un niño
y tocaba las teclas del piano
mientras ellos hablaban.
pero no muy fuerte
porque tenían cosas que decir,
los tres;
y los veía cubrir los canarios por la noche
con sacos de harina:
«para que puedan dormir, cariño».

tocaba el piano bajito
una nota cada vez,
los canarios bajo los sacos,
y había pimenteros,
pimenteros que restregaban el tejado como la lluvia
y pendían de ventanas afuera
cual lluvia verde,
y hablaban, los tres
sentados en cálido semicírculo nocturno,
y las teclas eran blancas y negras
y respondían a mis dedos
como la magia encerrada
de un mundo adulto, a la espera;
y ahora han desaparecido, los tres
y soy viejo:
pies de pirata han hollado
los suelos de limpia paja
de mi alma,
y los canarios ya no cantan.

Charles Bukowski.

El ataúd de la creación.

La capacidad para sufrir y resistir,
eso es nobleza, amigo,
la capacidad para sufrir y resistir
por una idea, un sentimiento, una manera,
eso es arte, amigo mío.
la capacidad para sufrir y resistir
cuando el amor se frustra,
eso es un infierno, viejo amigo.
Nobleza, arte e infierno,
Vamos a hablar un rato de arte.

el destino es mi hija lisiada.
mira, es difícil,
yo contra ellos,
con ellos.
¡Kafka, déjame entrar!
¡Hemingway, ten cuidado!
¡Hegel, qué gracioso eres!
Cervantes, ¿seguro que escribiste
esa novela a los
80?

los grandes escritores son personas indecentes
llevan una vida injusta
se guardan la mejor parte para el papel.
los buenos seres humanos salvan el mundo
para que cabronazos como yo podamos seguir
dedicándonos al arte,
llegar a ser inmortales.
si lees esto mucho tiempo después de mi muerte
significa que lo he logrado.

así que, escritores del mundo,
ahora os toca a vosotros
abusar de vuestra mujer
insultar a vuestros hijos
amaros a vosotros mismos
vivir del dinero ajeno
desdeñar todo el arte creado antes y
durante vuestra época,
y desdeñar e incluso aborrecer la humanidad
por separado o en masa.

cabrones, aunque leáis esto mucho después
de mi muerte,
olvidaos de mí.
probablemente no era
tan bueno.

Charles Bukowski.

Asidero en la oscuridad.

Estoy ahí sentado
borracho
escuchando las
mismas sinfonías
que me dieron
la voluntad de seguir adelante
cuando tenía 22.

40 años después
ni ellas ni yo tenemos la misma magia
precisamente.

deberías haberme
visto entonces
tan
esbelto
sin
barriga
era
todo nervio
demacrado:
violento, fuerte,
loco.

si me decías
una palabra
fuera de lugar
te partía el alma
allí mismo.

no quería que me
molestara
nada ni
nadie.

parecía estar
siempre de camino a alguna
celda
tras haber sido trincado por
hacer algo
en la avenida o
sus inmediaciones.

ahora estoy aquí sentado
borracho.
soy
una serie de
pequeñas victorias
y grandes derrotas
y estoy tan
asombrado
como cualquier otro
de
haber llegado
desde allí hasta
aquí
sin cometer ningún asesinato
ni haber sido
asesinado;
sin
haber dado con mi huesos en el manicomio.

mientras esta noche
me bebo a solas otra vez
el alma a pesar de todo el sufrimiento
pretérito*
gracias a todos los dioses
que no estuvieron
de mi parte entonces.

Charles Bukowski.

*Pretérito
1. adj. Que ya ha pasado o sucedió.
2. m. Gram. Tiempo que sirve para denotar una acción o un estado de cosas anterior al momento en que se habla; p. ej., amaba, ha amado, amó, había dado, hubo amado.

Hielo para las águilas.

Aún recuerdo los caballos
bajo la luna
aún recuerdo dar a los caballos
azúcar
terrones de azúcar blancos
casi como de hielo,
tenían cabezas
como de águila
peladas cabezas que podían morder
y no lo hacían.
los caballos eran más reales
que mi padre
más reales que Dios
y podían haberme pisado
pero no lo hicieron
podían haberme hecho cualquier cosa horrible
pero no lo hicieron.
yo aún no tenía 5 años
pero me acuerdo;
Dios mío qué fuertes y buenas
aquellas lenguas rojas que babeaban
desde sus almas.

Charles Bukowski.

Encomios.

Tras la muerte
exageramos las buenas cualidades de una persona,
las inflamos.

en vida
a menudo nos repele esa misma persona
mientras hablamos con ellos por teléfono
o sencillamente al estar en la misma habitación.

y a menudo nos mostramos críticos con su manera de
caminar, hablar, vestirse
vivir
creer

pero que se mueran,
a ver en qué criaturas se convierten
entonces.

ojalá en algún funeral
alguien dijera:
“¡qué tipo tan odioso
era!”.

incluso en mi funeral
que haya un poquito de verdad,
y luego la buena tierra
limpia.

Charles Bukowski.

Armando Guerrero, Oaxaca, México.