¡Estornino! qué resolución en los
sosos, los faltos de inspiración
y los copistas.
nunca pierden la feroz gratitud
por su intrascendencia
ni olvidan reir
el ingenio de las babosas;
como un estudio sobre la disolución de los sentidos
harían echar la grava
a cualquier faraón;
en música prefieren la monotonía de
los grifos que gotean:
en el amor y el sexo se prefieren unos a otros
y por tanto agravan
el problema;
la energía con la que impulsan su
inutilidad
(sin el menor asomo de desconfianza)
hacia objetivos despreciables
es espléndida como
la mierda de vaca.
producen novelas, niños, muerte,
autopistas, ciudades, guerras, riqueza, pobreza, políticos
y áreas totales de grandiosos residuos;
es como si el mundo entero estuviera envuelto en vendas
mugrientas.
más vale pasear a altas horas
de la noche.
más vale ocuparte de tus asuntos sólo los
lunes y los
martes.
más vale quedarse sentado en un cuartito
con las persianas echadas
y
esperar.
los hombres más fuertes son los menos
y las mujeres más fuertes también
mueren solas.
Charles Bukowski.
Dos clases de infierno.
Estuve sentado en el mismo bar durante siete años, desde las
seis de la tarde
hasta las dos de la mañana.
a veces no recordaba haber vuelto
a mi habitación.
era como si estuviera sentado en ese taburete
continuamente.
no tenía dinero pero de alguna manera seguían
poniéndome copas.
no era el payaso del bar sino más bien el
bobo.
pero a menudo un bobo es capaz de encontrar a alguien
más bobo que lo invite a beber.
por suerte, era un garito
concurrido.
pero yo tenía un punto de vista: estaba a la espera de
que ocurriera
algo extraordinario.
sin embargo, a medida que iban transcurridos los años
no ocurría nada a menos que lo
provocara yo:
un espejo roto en el bar, una pelea con un gigante de
dos metros y pico, un flirteo con una lesbiana,
la capacidad para llamar al pan pan y al vino vino y
resolver disputas que no había empezado
yo, y demás...
un día sencillamente me levanté y me fui.
así, sin más.
y al empezar a beber a solas mi propia compañía me resultaba
más que satisfactoria.
luego, como si a los dioses les incordiara mi tranquilidad
de espíritu, las mujeres empezaron a llamar a mi puerta.
!los dioses enviaban mujeres al
bobo¡
las mujeres llegaban de una en una y cada vez que se
marchaba alguna
los dioses enviaban a otra de inmediato, sin darme
el más mínimo respiro.
y todas parecían al principio un nuevo milagro, pero todo
lo que
al principio parecía maravilloso terminaba
mal.
culpa mía, claro, sí eso solían
decirme.
los dioses son incapaces de dejarle a un tipo de beba solo;
tienen envidia de los
placeres sencillos; así que envían a una mujer que
llame a tu puerta.
recuerdo todos aquellos hoteles baratos; era como si todas
las mujeres;
fueran la misma; el primer delicado golpecito en la puerta
de madera y luego:
-vaya, he oído esa música tan hermosa que escuchas en la
radio. somos
vecinos. !estoy en la 603 pero nunca te he visto
por el pasillo¡
-adelante.
y la santidad se iba al carajo.
también recuerdas aquella vez que
te acercaste por detrás al gigante de dos metros y pico y le
tiraste
el gorro vaquero, al tiempo que gritabas:
-!eres tan alto que seguro que no puedes chuparle los
pezones
a tu madre¡
y alguien en el bar dijo: -oiga, caballero, olvídelo, está
grillado, es un gilipollas, no sabe lo que
se dice¡
-sé EXACTAMENTE lo que me digo y voy a decirlo otra vez:
>>eres tan alto que seguro... >>.
la pelea la ganó él pero no moriste, no tal como moriste
por dentro después de que
los dioses dispusieran que todas esas mujeres fueran a
llamar a tu puerta.
la pelea a puñetazos fue más limpia: él era lento, estúpido e
incluso estaba un tanto
asustado y la batalla te fue bastante bien durante un buen
rato,
tal como te fue al principio con todas esas mujeres que enviaron
los dioses.
la diferencia, decidí, estribaba en que al menos tuve una
oportunidad con las
mujeres.
Charles Bukowski.
seis de la tarde
hasta las dos de la mañana.
a veces no recordaba haber vuelto
a mi habitación.
era como si estuviera sentado en ese taburete
continuamente.
no tenía dinero pero de alguna manera seguían
poniéndome copas.
no era el payaso del bar sino más bien el
bobo.
pero a menudo un bobo es capaz de encontrar a alguien
más bobo que lo invite a beber.
por suerte, era un garito
concurrido.
pero yo tenía un punto de vista: estaba a la espera de
que ocurriera
algo extraordinario.
sin embargo, a medida que iban transcurridos los años
no ocurría nada a menos que lo
provocara yo:
un espejo roto en el bar, una pelea con un gigante de
dos metros y pico, un flirteo con una lesbiana,
la capacidad para llamar al pan pan y al vino vino y
resolver disputas que no había empezado
yo, y demás...
un día sencillamente me levanté y me fui.
así, sin más.
y al empezar a beber a solas mi propia compañía me resultaba
más que satisfactoria.
luego, como si a los dioses les incordiara mi tranquilidad
de espíritu, las mujeres empezaron a llamar a mi puerta.
!los dioses enviaban mujeres al
bobo¡
las mujeres llegaban de una en una y cada vez que se
marchaba alguna
los dioses enviaban a otra de inmediato, sin darme
el más mínimo respiro.
y todas parecían al principio un nuevo milagro, pero todo
lo que
al principio parecía maravilloso terminaba
mal.
culpa mía, claro, sí eso solían
decirme.
los dioses son incapaces de dejarle a un tipo de beba solo;
tienen envidia de los
placeres sencillos; así que envían a una mujer que
llame a tu puerta.
recuerdo todos aquellos hoteles baratos; era como si todas
las mujeres;
fueran la misma; el primer delicado golpecito en la puerta
de madera y luego:
-vaya, he oído esa música tan hermosa que escuchas en la
radio. somos
vecinos. !estoy en la 603 pero nunca te he visto
por el pasillo¡
-adelante.
y la santidad se iba al carajo.
también recuerdas aquella vez que
te acercaste por detrás al gigante de dos metros y pico y le
tiraste
el gorro vaquero, al tiempo que gritabas:
-!eres tan alto que seguro que no puedes chuparle los
pezones
a tu madre¡
y alguien en el bar dijo: -oiga, caballero, olvídelo, está
grillado, es un gilipollas, no sabe lo que
se dice¡
-sé EXACTAMENTE lo que me digo y voy a decirlo otra vez:
>>eres tan alto que seguro... >>.
la pelea la ganó él pero no moriste, no tal como moriste
por dentro después de que
los dioses dispusieran que todas esas mujeres fueran a
llamar a tu puerta.
la pelea a puñetazos fue más limpia: él era lento, estúpido e
incluso estaba un tanto
asustado y la batalla te fue bastante bien durante un buen
rato,
tal como te fue al principio con todas esas mujeres que enviaron
los dioses.
la diferencia, decidí, estribaba en que al menos tuve una
oportunidad con las
mujeres.
Charles Bukowski.
No soy ningún Cagney
Había tomado prestado un televisor durante un mes
y vi unas pelis antiguas de Cagney.
una buena parte de la interacción de Cagney con las
mujeres
tiene lugar en la cocina
ellas dicen algo que a él no le
hace gracia. Las abofetea con un trapo
o les tira un pomelo a la
cara. ellas lloran y se precipitan a
a sus brazos.
a mí siempre me han atacado las
mujeres
sobre todo cuando estoy desanimado o
cansado. me echan por la puerta
bajo la lluvia, para caer de espladas
en charcos fangosos. me tiran cerveza por la cabeza,
se me abalanzan con cuchillos y sujetalibros,
me atacan
rugiendo cual leopardos
me hacen jirones abrigos y
camisas.
me atacan en el momento
en que hablo despreocupadamente con un
amigo o mientras estoy
durmiendo. a veces también se golpean la cabeza
contra la pared.
me marcho, les digo.
ah, tú siempre quieres acabar con el asunto,
¿verdad?
bueno, joder, te comportas como si no te
gustara.
!bueno, pues entonces, vete¡
me marcho. no soy ningún Cagney. me alejo al volante
pensando, ay, joder, Dios, que agradable es estar
solo otra vez.
tú lo tenías Jimmy.
lo que quiere una mujer es
una reacción.
lo que quiere un hombre es
una mujer.
eres el mejor.
Charles Bukowski.
y vi unas pelis antiguas de Cagney.
una buena parte de la interacción de Cagney con las
mujeres
tiene lugar en la cocina
ellas dicen algo que a él no le
hace gracia. Las abofetea con un trapo
o les tira un pomelo a la
cara. ellas lloran y se precipitan a
a sus brazos.
a mí siempre me han atacado las
mujeres
sobre todo cuando estoy desanimado o
cansado. me echan por la puerta
bajo la lluvia, para caer de espladas
en charcos fangosos. me tiran cerveza por la cabeza,
se me abalanzan con cuchillos y sujetalibros,
me atacan
rugiendo cual leopardos
me hacen jirones abrigos y
camisas.
me atacan en el momento
en que hablo despreocupadamente con un
amigo o mientras estoy
durmiendo. a veces también se golpean la cabeza
contra la pared.
me marcho, les digo.
ah, tú siempre quieres acabar con el asunto,
¿verdad?
bueno, joder, te comportas como si no te
gustara.
!bueno, pues entonces, vete¡
me marcho. no soy ningún Cagney. me alejo al volante
pensando, ay, joder, Dios, que agradable es estar
solo otra vez.
tú lo tenías Jimmy.
lo que quiere una mujer es
una reacción.
lo que quiere un hombre es
una mujer.
eres el mejor.
Charles Bukowski.
Dientes blancos perfectos.
Por fin me he comprado una tele en color
y la otra noche
me topé con una peli
y hay un tipo en
París
está sin blanca
pero viste un traje muy bueno
y lleva la corbata anudada a la perfección
y no está preocupado ni borracho
sino que se encuentra en un café
y todas las mujeres preciosas están
enamoradas de él
y de alguna manera consigue pagar el alquiler
y seguir subiendo y bajando escaleras
con camisas limpísimas
y advierte a algunas chicas
que mientras ellas son incapaces de escribir poesía
él sí es capaz
pero en realidad no le apetece
en esos momentos:
en vez de eso busca la Verdad.
mientras tanto lleva el pelo cortado a la perfección
no tiene resaca
no tiene tics nerviosos en los ojos y posee dientes blancos
perfectos.
Charles Bukowski.
y la otra noche
me topé con una peli
y hay un tipo en
París
está sin blanca
pero viste un traje muy bueno
y lleva la corbata anudada a la perfección
y no está preocupado ni borracho
sino que se encuentra en un café
y todas las mujeres preciosas están
enamoradas de él
y de alguna manera consigue pagar el alquiler
y seguir subiendo y bajando escaleras
con camisas limpísimas
y advierte a algunas chicas
que mientras ellas son incapaces de escribir poesía
él sí es capaz
pero en realidad no le apetece
en esos momentos:
en vez de eso busca la Verdad.
mientras tanto lleva el pelo cortado a la perfección
no tiene resaca
no tiene tics nerviosos en los ojos y posee dientes blancos
perfectos.
Charles Bukowski.
Acerca de latas de cerveza y envases de azúcar.
El buey, yo,
tengo frío esta noche
esta mañana
las 4 de la madrugada
con sólo una lata de cerveza y 2
puros;
mujer e hija se mudan
el miércoles;
suena en la radio una melodía escocesa y
la vieja estufa deja escapar
gas, gas, gas.
ojalá pudiera dormir.
por lo visto soy incapaz de dormir.
la muerte no siempre llega como una bomba
o una puta gorda
a veces la muerte se arrastra centímetro a centímetro
como una diminuta araña que se arrastra por el vientre
mientras
duermes.
esto no es nada nuevo para ti,
ya lo sé.
mis manos de esqueleto rezan esta noche
imploran algo
no sé
qué.
mis manos sostienen este puro
sobre mi sueño
vaciado.
soy
algo así como un chiste verde
trillado, contado muy tarde
cuando la gente ya no puede
reir.
hay una caja encima de la mesa.
leo la etiqueta, dice:
medidas de azúcar: 1 lb. en polvo equivale a
4 y? tazas tamizada; 1 lb. en grano equivale a
2 y? tazas, etc.
¡eso sí que es todo un nuevo mundo! me quedo sentado y
miro con lascivia la caja,
olvidándome de todo:
sopa de guisantes
General Grant
etc.
el buey, yo, tengo frío esta noche.
mañana iré a la tienda de comestibles y cogeré cajas vacías
para que puedan meter sus
cosas. la mujer guarda toda clase de cartas, lazos,
fotos. la niña, claro, tiene sus
juguetitos de niña.
necesito algo para leer. leo la cerveza, dice:
elaborada con agua pura de los manantiales de las
Montañas Rocosas.
que se convierte en meados; elaborado con carne que
se convierte en pasto de los gusanos;
elaborado con amor que se convierte en nada; mi tierra y
tu tierra; mi tumba y tu tumba; cierto sabor a
miel; el sueño dorado de una noche; vine por aquí una
temporada y luego me fui: elaborado, jodido,
prestado apropiado y mentido en nombre de la
Vida.
me bebo esa cerveza.
la
pagué.
ahora son las 5:30 y mucha gente ha follado y
dormido y ahora salen de sus pequeños sueños mientras
el tipo de la radio me pregunta si quiero pedir una
hipoteca por
mi casa.
puedo dormir con eso. puedo dormir pensando
que tal vez la próxima vez que haya revueltas en las calles
tal vez me dejen participar
aunque tengo la piel del color equivocado
y mientras estén luchando por Cadillacs y
teles en color
yo lucharé por algo diferente:
ahora mismo
no tengo
claro del todo
qué.
pero tal vez cuando despierte lo tenga claro.
ahora mismo se trata de apagar el puro
esperar a que abra la tienda de comestibles y
cambiarme los calzones
sucios.
Charles Bukowski.
tengo frío esta noche
esta mañana
las 4 de la madrugada
con sólo una lata de cerveza y 2
puros;
mujer e hija se mudan
el miércoles;
suena en la radio una melodía escocesa y
la vieja estufa deja escapar
gas, gas, gas.
ojalá pudiera dormir.
por lo visto soy incapaz de dormir.
la muerte no siempre llega como una bomba
o una puta gorda
a veces la muerte se arrastra centímetro a centímetro
como una diminuta araña que se arrastra por el vientre
mientras
duermes.
esto no es nada nuevo para ti,
ya lo sé.
mis manos de esqueleto rezan esta noche
imploran algo
no sé
qué.
mis manos sostienen este puro
sobre mi sueño
vaciado.
soy
algo así como un chiste verde
trillado, contado muy tarde
cuando la gente ya no puede
reir.
hay una caja encima de la mesa.
leo la etiqueta, dice:
medidas de azúcar: 1 lb. en polvo equivale a
4 y? tazas tamizada; 1 lb. en grano equivale a
2 y? tazas, etc.
¡eso sí que es todo un nuevo mundo! me quedo sentado y
miro con lascivia la caja,
olvidándome de todo:
sopa de guisantes
General Grant
etc.
el buey, yo, tengo frío esta noche.
mañana iré a la tienda de comestibles y cogeré cajas vacías
para que puedan meter sus
cosas. la mujer guarda toda clase de cartas, lazos,
fotos. la niña, claro, tiene sus
juguetitos de niña.
necesito algo para leer. leo la cerveza, dice:
elaborada con agua pura de los manantiales de las
Montañas Rocosas.
que se convierte en meados; elaborado con carne que
se convierte en pasto de los gusanos;
elaborado con amor que se convierte en nada; mi tierra y
tu tierra; mi tumba y tu tumba; cierto sabor a
miel; el sueño dorado de una noche; vine por aquí una
temporada y luego me fui: elaborado, jodido,
prestado apropiado y mentido en nombre de la
Vida.
me bebo esa cerveza.
la
pagué.
ahora son las 5:30 y mucha gente ha follado y
dormido y ahora salen de sus pequeños sueños mientras
el tipo de la radio me pregunta si quiero pedir una
hipoteca por
mi casa.
puedo dormir con eso. puedo dormir pensando
que tal vez la próxima vez que haya revueltas en las calles
tal vez me dejen participar
aunque tengo la piel del color equivocado
y mientras estén luchando por Cadillacs y
teles en color
yo lucharé por algo diferente:
ahora mismo
no tengo
claro del todo
qué.
pero tal vez cuando despierte lo tenga claro.
ahora mismo se trata de apagar el puro
esperar a que abra la tienda de comestibles y
cambiarme los calzones
sucios.
Charles Bukowski.
Uñas; ventanas de la nariz; cordones de zapatos.
El conducto de la gasolina tiene una fuga, el pájaro ha
volado de la
jaula, el horizonte está punteado de buitres;
Benny por fin dejó de meterse y ahora Betty trabaja
de camarera; y
el deshollinador fue bastante delicado mientras
dejaba escapar risillas entre el
hollín.
caminé kilómetros enteros por la ciudad y no reconocí
nada mientras una garra gigante me devoraba
el estómago y notaba el interior de la cabeza
etéreo como si estuviera a punto de volverme
loco.
no es tanto que nada significa
nada cuanto que cada vez más sigue sin
significar nada,
no hay escape, sólo los gurús y buhoneros
y dioses autoproclamados.
cuanto más dice la gente, menos hay
que decir.
incluso los mejores libros son serrín seco.
veo los combates de boxeo y tomo abundantes
notas sobre futilidad.
entonces vuelve a abrirse de golpe la puerta
y ahí están las hermosas sedas
y los poderosos caballos corriendo
contra el cielo.
que tristeza: todo intenta
abrirse paso para
florecer.
todos los días deberían ser un milagro en vez de
una maquinación.
en mi mano yace el último azulejo.
las sombras rugen cual leones y las paredes
retiemblan, danzantes en torno a mi
cabeza.
entonces sus ojos me miran, el amor me rompe
los huesos y río.
Charles Bukowski.
volado de la
jaula, el horizonte está punteado de buitres;
Benny por fin dejó de meterse y ahora Betty trabaja
de camarera; y
el deshollinador fue bastante delicado mientras
dejaba escapar risillas entre el
hollín.
caminé kilómetros enteros por la ciudad y no reconocí
nada mientras una garra gigante me devoraba
el estómago y notaba el interior de la cabeza
etéreo como si estuviera a punto de volverme
loco.
no es tanto que nada significa
nada cuanto que cada vez más sigue sin
significar nada,
no hay escape, sólo los gurús y buhoneros
y dioses autoproclamados.
cuanto más dice la gente, menos hay
que decir.
incluso los mejores libros son serrín seco.
veo los combates de boxeo y tomo abundantes
notas sobre futilidad.
entonces vuelve a abrirse de golpe la puerta
y ahí están las hermosas sedas
y los poderosos caballos corriendo
contra el cielo.
que tristeza: todo intenta
abrirse paso para
florecer.
todos los días deberían ser un milagro en vez de
una maquinación.
en mi mano yace el último azulejo.
las sombras rugen cual leones y las paredes
retiemblan, danzantes en torno a mi
cabeza.
entonces sus ojos me miran, el amor me rompe
los huesos y río.
Charles Bukowski.
Adiós, amor mío.
Mortal ceniza de todo
lo hemos vapuleado hasta hacerlo pedazos
le hemos arrancado la cabeza
los brazos
las piernas
hemos cortado órganos sexuales
nos hemos meado en el corazón
mortal ceniza de todo
en todas partes
ahora las aceras son más duras
los ojos del populacho más crueles
la música de peor gusto
ceniza
sólo me queda pura
ceniza
primero nos meamos en el corazón
ahora nos meamos en la ceniza.
Charles Bukowski.
lo hemos vapuleado hasta hacerlo pedazos
le hemos arrancado la cabeza
los brazos
las piernas
hemos cortado órganos sexuales
nos hemos meado en el corazón
mortal ceniza de todo
en todas partes
ahora las aceras son más duras
los ojos del populacho más crueles
la música de peor gusto
ceniza
sólo me queda pura
ceniza
primero nos meamos en el corazón
ahora nos meamos en la ceniza.
Charles Bukowski.
No es mucho.
Supongo que igual que otros
he pasado por fuego y espada,
amor descarriado,
colisiones frontales, borracho en alta mar,
y he escuchado el sencillo sonido del agua corriente
en bañeras
y deseado ahogarme
pero simplemente no podía soportar a los otros
bajando mi cadáver tres tramos de escaleras
hasta las bocas abiertas de viejecitas curiosas;
la psique ha ardido
y nos han dejado sin sentido,
el mundo ha quedado más obscuro que un toque de queda
en un armario lleno de vampiros hambrientos,
y el whisky y el vino han entrado en nuestras venas
cuando la sangre estaba demasiado débil para continuar;
y les ocurrirá a otros,
y nuestros escasos buenos tiempos serán excepcionales
porque tenemos sentido crítico
y no es tan fácil camelarnos con risas;
pequeños mosquitos se arrastran por nuestra persiana
pero vemos a través de ella
un paisaje baldío
y les dejamos disfrutar de su momento;
sólo pedimos que los leopardos velaran
por nuestros sueños cada vez más escasos.
una vez yací en un
hospital blanco
para los agonizantes y el yo
agonizante, donde algún dios meó una lluvia de
razón para hacer que las cosas medraran
sólo para morir, donde de rodillas
Supliqué LUZ,
supliqué l*u*z,
y rezando
me arrastré cual babosa ciega hacia la
telaraña
donde hebras de viento se me pegaron a la mente
y morí de pena
por el Hombre, por mí mismo,
en una cruz sin clavos
mirando aterrado mientras
el cerdo eructa en la pocilga, se tira pedos,
parpadea y come.
Charles Bukowski.
he pasado por fuego y espada,
amor descarriado,
colisiones frontales, borracho en alta mar,
y he escuchado el sencillo sonido del agua corriente
en bañeras
y deseado ahogarme
pero simplemente no podía soportar a los otros
bajando mi cadáver tres tramos de escaleras
hasta las bocas abiertas de viejecitas curiosas;
la psique ha ardido
y nos han dejado sin sentido,
el mundo ha quedado más obscuro que un toque de queda
en un armario lleno de vampiros hambrientos,
y el whisky y el vino han entrado en nuestras venas
cuando la sangre estaba demasiado débil para continuar;
y les ocurrirá a otros,
y nuestros escasos buenos tiempos serán excepcionales
porque tenemos sentido crítico
y no es tan fácil camelarnos con risas;
pequeños mosquitos se arrastran por nuestra persiana
pero vemos a través de ella
un paisaje baldío
y les dejamos disfrutar de su momento;
sólo pedimos que los leopardos velaran
por nuestros sueños cada vez más escasos.
una vez yací en un
hospital blanco
para los agonizantes y el yo
agonizante, donde algún dios meó una lluvia de
razón para hacer que las cosas medraran
sólo para morir, donde de rodillas
Supliqué LUZ,
supliqué l*u*z,
y rezando
me arrastré cual babosa ciega hacia la
telaraña
donde hebras de viento se me pegaron a la mente
y morí de pena
por el Hombre, por mí mismo,
en una cruz sin clavos
mirando aterrado mientras
el cerdo eructa en la pocilga, se tira pedos,
parpadea y come.
Charles Bukowski.
Cerca de un ventanal.
Los perros y los ángeles no andan
muy lejos.
suelo ir a un garito*
a comer
hacia las 2.30 de la tarde
porque toda la gente que come
allí está cuerda por completo,
alegre sencillamente de estar viva y
comiendo
lo que sea que coman
cerca de un ventanal
que da la bienvenida al sol
pero no deja que entren los coches
ni las aceras.
enfrente hay un bar topless
chino
que ya está abierto a las 2.30 de
la tarde.
está pintado de un inane* e inerme
azul.
se nos permite tomar tanto café
como podamos beber
y todos nos sentamos y bebemos en silencio
el café solo e intenso.
se está bien sentado en algún lugar
en público a las 2.30 de la tarde
sin que te arranquen la piel de
los huesos.
nadie nos molesta.
no molestamos a nadie.
los ángeles y los perros no andan
muy lejos
a las 2.30 de la tarde.
tengo mi mesa preferida
junto al ventanal
y después de acabar
apilo los platos, platillos,
la taza, los cubiertos, etc.
pulcramente
en un cómodo montoncillo
--mi ofrenda a la
camarera entrada en años--
comida y tiempo
incólumes,*
y ese cabrón de sol
ahí fuera
afanándose a base de bien
arriba y
abajo.
Charles Bukowski.
Garito.
(De garita).
1. m. Casa clandestina donde juegan los tahúres o fulleros.
2. m. Ganancia que se saca de la casa del juego.
3. m. Establecimiento de diversión, especialmente el de mala fama.
Inane.
(Del lat. inānis).
1. adj. Vano, fútil, inútil.
Incólume.
(Del lat. incolŭmis).
1. adj. Sano, sin lesión ni menoscabo.
muy lejos.
suelo ir a un garito*
a comer
hacia las 2.30 de la tarde
porque toda la gente que come
allí está cuerda por completo,
alegre sencillamente de estar viva y
comiendo
lo que sea que coman
cerca de un ventanal
que da la bienvenida al sol
pero no deja que entren los coches
ni las aceras.
enfrente hay un bar topless
chino
que ya está abierto a las 2.30 de
la tarde.
está pintado de un inane* e inerme
azul.
se nos permite tomar tanto café
como podamos beber
y todos nos sentamos y bebemos en silencio
el café solo e intenso.
se está bien sentado en algún lugar
en público a las 2.30 de la tarde
sin que te arranquen la piel de
los huesos.
nadie nos molesta.
no molestamos a nadie.
los ángeles y los perros no andan
muy lejos
a las 2.30 de la tarde.
tengo mi mesa preferida
junto al ventanal
y después de acabar
apilo los platos, platillos,
la taza, los cubiertos, etc.
pulcramente
en un cómodo montoncillo
--mi ofrenda a la
camarera entrada en años--
comida y tiempo
incólumes,*
y ese cabrón de sol
ahí fuera
afanándose a base de bien
arriba y
abajo.
Charles Bukowski.
Garito.
(De garita).
1. m. Casa clandestina donde juegan los tahúres o fulleros.
2. m. Ganancia que se saca de la casa del juego.
3. m. Establecimiento de diversión, especialmente el de mala fama.
Inane.
(Del lat. inānis).
1. adj. Vano, fútil, inútil.
Incólume.
(Del lat. incolŭmis).
1. adj. Sano, sin lesión ni menoscabo.
Un futuro congresista.
En los servicios del
hipódromo
un crío de unos
7 u 8 años
salió de un cubículo
y el tipo
que le esperaba
(probablemente su
padre)
le preguntó:
--¿qué has hecho con el
formulario de apuestas?
te lo he dado para que
lo guardaras.
--¡no -- dijo el crío--, no
lo he visto! ¡no
lo tengo!
se marcharon y
entré en el cubículo
porque era el único
disponible
y allí
en el retrete
estaba el
formulario.
tiré de la cadena
para que se fuera
por el desagüe
pero siguió flotando
en un amasijo indolente
y
allí se quedó.
salí de
allí y encontré
otro
cubículo vacío.
ese crío estaba listo
para que su vida diera comienzo.
sin duda
tendría gran éxito
el capullo
embustero.
Charles Bukowski.
hipódromo
un crío de unos
7 u 8 años
salió de un cubículo
y el tipo
que le esperaba
(probablemente su
padre)
le preguntó:
--¿qué has hecho con el
formulario de apuestas?
te lo he dado para que
lo guardaras.
--¡no -- dijo el crío--, no
lo he visto! ¡no
lo tengo!
se marcharon y
entré en el cubículo
porque era el único
disponible
y allí
en el retrete
estaba el
formulario.
tiré de la cadena
para que se fuera
por el desagüe
pero siguió flotando
en un amasijo indolente
y
allí se quedó.
salí de
allí y encontré
otro
cubículo vacío.
ese crío estaba listo
para que su vida diera comienzo.
sin duda
tendría gran éxito
el capullo
embustero.
Charles Bukowski.
El sueño, el sueño.
Siempre hay alguna Carmen a la vuelta
de alguna esquina
en algun parte
pero también es cierto que las Cármenes nunca
duran mucho;
las Cármenes apenas duran
nada.
lo veo en los ojos de los hombres
por todas partes...
hombres sentados en la barra de cafeterías
hombres que conducen buses
hombres que hacen discursos políticos
hombres que sacan dientes
hombres en jaulas de tigres
hombres que veo por todas partes...
El hombre que veo mientras me afeito
me devuelve la mirada con ojos entornados
su Carmen también se ha ido;
ese hombre (yo) está
pensando ahora en lo que
podría hacer en realidad
la navaja, la idea siempre
está presente...
pero el juego nos hace seguir
adelante: siempre hay alguna Carmen nueva
a la espera
en alguna parte
justo a la vuelta
de la esquina.
Charles Bukowski.
de alguna esquina
en algun parte
pero también es cierto que las Cármenes nunca
duran mucho;
las Cármenes apenas duran
nada.
lo veo en los ojos de los hombres
por todas partes...
hombres sentados en la barra de cafeterías
hombres que conducen buses
hombres que hacen discursos políticos
hombres que sacan dientes
hombres en jaulas de tigres
hombres que veo por todas partes...
El hombre que veo mientras me afeito
me devuelve la mirada con ojos entornados
su Carmen también se ha ido;
ese hombre (yo) está
pensando ahora en lo que
podría hacer en realidad
la navaja, la idea siempre
está presente...
pero el juego nos hace seguir
adelante: siempre hay alguna Carmen nueva
a la espera
en alguna parte
justo a la vuelta
de la esquina.
Charles Bukowski.
Una nota en la aldaba.
¿Sí?, dije, ¿de
verdad?
sí, me dijo, vive en
Malibu, voy a verla
esta noche.
ah, le dije, ¿lleváis
mucho tiempo saliendo?
claro que no, joder, no soy
masoquista.
se toqueteó la cadena de oro
y habló de
poesía. hablo de poesía
durante una
hora.
yo tampoco soy masoquista, le dije,
así que, ¿quieres
irte a tomar por
el culo?
se fue. pero sabía que
volvería.
él hablaba de
poesía. yo la
escribía.
era incapaz de entender
que ésta y nosotros
no éramos
lo mismo.
Charles Bukowski.
verdad?
sí, me dijo, vive en
Malibu, voy a verla
esta noche.
ah, le dije, ¿lleváis
mucho tiempo saliendo?
claro que no, joder, no soy
masoquista.
se toqueteó la cadena de oro
y habló de
poesía. hablo de poesía
durante una
hora.
yo tampoco soy masoquista, le dije,
así que, ¿quieres
irte a tomar por
el culo?
se fue. pero sabía que
volvería.
él hablaba de
poesía. yo la
escribía.
era incapaz de entender
que ésta y nosotros
no éramos
lo mismo.
Charles Bukowski.
La vida en correos.
Me acurruco delante de un laberinto
de cajitas de madera
introduciendo tarjetas y cartas
dirigidas a vidas
inexistentes
mientras la ciudad entera festeja
y folla en la calle y canta
con los pájaros.
estoy bajo una lamparita eléctrica
y envío mensajes a un tal García muerto,
y soy lo bastante mayor para morir
(siempre he sido lo bastante mayor para morir)
mientras estoy plantado ante este laberinto de madera
y sacio su sorda sed;
esto es mi trabajo, mi alquiler, mi puta, mis zapatos,
la sanguijuela que me chupa el color de los ojos;
amo, maldito seas, me has encontrado,
con la boca fruncida
las manos arrugadas contra
el pecho sin sol moteado de rojo;
la calle es tan dura, al menos
concédeme el descanso por el que he pagado una vida,
y cuando llegue el Halcón
saldré a su encuentro,
nos abrazamos donde el papel de la pared está rasgado
de cuando entró la lluvia.
ahora estoy ante madera y números,
estoy ante un camposanto de ojos y bocas
de cabezas ahuecadas para las sombras,
y las sombras entran
cual ratones y me miran.
introduzco postales y cartas con números secretos mientras
agentes cortan cables y comprueban mi ritmo cardiaco,
escuchan en busca de cordura
o alegría o amor, y no encuentran nada,
satisfechos, se marchan;
adentro, adentro, adentro, estoy ante el laberinto de madera
y el alma se me desvanece
y más allá del laberinto hay una ventana
con sonidos, hierba, paseos, torres, perros,
pero aquí estoy y aquí me quedo,
enviando tarjetas con mi propia esquela impresa;
y estoy harto de afecto: vete de aquí, todo,
y envía fuego.
Charles Bukowski.
de cajitas de madera
introduciendo tarjetas y cartas
dirigidas a vidas
inexistentes
mientras la ciudad entera festeja
y folla en la calle y canta
con los pájaros.
estoy bajo una lamparita eléctrica
y envío mensajes a un tal García muerto,
y soy lo bastante mayor para morir
(siempre he sido lo bastante mayor para morir)
mientras estoy plantado ante este laberinto de madera
y sacio su sorda sed;
esto es mi trabajo, mi alquiler, mi puta, mis zapatos,
la sanguijuela que me chupa el color de los ojos;
amo, maldito seas, me has encontrado,
con la boca fruncida
las manos arrugadas contra
el pecho sin sol moteado de rojo;
la calle es tan dura, al menos
concédeme el descanso por el que he pagado una vida,
y cuando llegue el Halcón
saldré a su encuentro,
nos abrazamos donde el papel de la pared está rasgado
de cuando entró la lluvia.
ahora estoy ante madera y números,
estoy ante un camposanto de ojos y bocas
de cabezas ahuecadas para las sombras,
y las sombras entran
cual ratones y me miran.
introduzco postales y cartas con números secretos mientras
agentes cortan cables y comprueban mi ritmo cardiaco,
escuchan en busca de cordura
o alegría o amor, y no encuentran nada,
satisfechos, se marchan;
adentro, adentro, adentro, estoy ante el laberinto de madera
y el alma se me desvanece
y más allá del laberinto hay una ventana
con sonidos, hierba, paseos, torres, perros,
pero aquí estoy y aquí me quedo,
enviando tarjetas con mi propia esquela impresa;
y estoy harto de afecto: vete de aquí, todo,
y envía fuego.
Charles Bukowski.
Paga el alquiler o lárgate.
En algún lugar la princesa muerta
yace con un nuevo amante;
sólo me quedan unos cuantos paquetes de tabaco
vacíos
rescatados de redes de añoranza
pero todo va bien
salvo por el color y el porte
de la avispa,
la cera demasiado roja
y una nota de la mujer en la colina
que me compra los cuadros:
~me preguntaba por ti. llámame.
con cariño, R.~,
y otra nota por debajo de la
puerta:
~paga el alquiler o lárgate~.
el calentador está encendido y
tengo un tarro de pura pimienta
molida delante,
y papel de máquina
para llenarlo de poemas;
todo va bien,
en las aceras resuena el chasquear de los
tacones,
arrancan motores,
y tengo que lavar estas malditas
tazas de café enfermas;
y me pregunto, ¿qué tal estás, amigo
mío?
¿qué tal te va? ¿decepcionado?
¿desdichado?
¿yo? es duro. duro como un
buen poema.
pero me siento bien,
y de veras,
en esencia, dentro de poco voy
a comer
picadillo o estofado, algo
de una lata.
también es posible que levante pesas y
espero
seguir sintiéndome bien, aunque la
radio se oye sucia
y habla de tonterías como
el buen servicio en los aviones;
ahora son las 7:30, y así es como
viven y mueren
los hombres: no a la manera de Eliot
sino
a la mía, a la nuestra,
quedos cual ala plegada,
el odio quemando igual que un tubo;
las cortinas se vienen abajo
desgarradas por el tiempo
y tengo un cuchillo a mi izquierda que
no cortaría una cebolla siquiera
pero no tengo cebollas que
cortar, y
espero que tú también te sientas
bien.
Charles Bukowski.
yace con un nuevo amante;
sólo me quedan unos cuantos paquetes de tabaco
vacíos
rescatados de redes de añoranza
pero todo va bien
salvo por el color y el porte
de la avispa,
la cera demasiado roja
y una nota de la mujer en la colina
que me compra los cuadros:
~me preguntaba por ti. llámame.
con cariño, R.~,
y otra nota por debajo de la
puerta:
~paga el alquiler o lárgate~.
el calentador está encendido y
tengo un tarro de pura pimienta
molida delante,
y papel de máquina
para llenarlo de poemas;
todo va bien,
en las aceras resuena el chasquear de los
tacones,
arrancan motores,
y tengo que lavar estas malditas
tazas de café enfermas;
y me pregunto, ¿qué tal estás, amigo
mío?
¿qué tal te va? ¿decepcionado?
¿desdichado?
¿yo? es duro. duro como un
buen poema.
pero me siento bien,
y de veras,
en esencia, dentro de poco voy
a comer
picadillo o estofado, algo
de una lata.
también es posible que levante pesas y
espero
seguir sintiéndome bien, aunque la
radio se oye sucia
y habla de tonterías como
el buen servicio en los aviones;
ahora son las 7:30, y así es como
viven y mueren
los hombres: no a la manera de Eliot
sino
a la mía, a la nuestra,
quedos cual ala plegada,
el odio quemando igual que un tubo;
las cortinas se vienen abajo
desgarradas por el tiempo
y tengo un cuchillo a mi izquierda que
no cortaría una cebolla siquiera
pero no tengo cebollas que
cortar, y
espero que tú también te sientas
bien.
Charles Bukowski.
Plenitud.
Se adiestró en
la ira
el odio y la estrategia
artera.
siempre creí que
al final se le pasaría
que estaba atolondrada de
tanto concepto erróneo y malos
consejos.
siempre creí se le
pasaría.
escuché las acusasiones contra mí
a sabiendas de que algunas eran ciertas
pero desde luego no
lo bastante importantes
para convertirse en blanco de
violencia, envidia, venganza.
creía que sin duda se le
pasaría.
no monté ninguna
defensa
pensando que la razón
pausada
nos salvaría
a los dos
pero su determinación
se reafirmó;
incluso entonces
lo tomé por energía
testaruda y un exceso de
entusiasmo
pero en cuanto cedía terreno,
se me cogía más
terreno.
señor, pensé, no es más que simple
violencia.
así que saqué mi caballo del establo
al trote,
afilé los cuchillos y
lancé un
contraataque.
por fin había dado con
un oponente tan bueno como cabía
encontrar.
su determinación exigía su propia
destrucción.
había encontrado la horma
de su zapato.
monté en mi corcel
con la espada en alto
listo hasta para el sol.
siempre había pedido guerra,
le concedería su deseo,
maldito sea el amor ahora,
como maldito fue cuando
llegó en un principio.
mi reticencia
desaparecería
para siempre
y la sangre
manaría
la suya y la mía
tal como quería ella.
Charles Bukowski.
la ira
el odio y la estrategia
artera.
siempre creí que
al final se le pasaría
que estaba atolondrada de
tanto concepto erróneo y malos
consejos.
siempre creí se le
pasaría.
escuché las acusasiones contra mí
a sabiendas de que algunas eran ciertas
pero desde luego no
lo bastante importantes
para convertirse en blanco de
violencia, envidia, venganza.
creía que sin duda se le
pasaría.
no monté ninguna
defensa
pensando que la razón
pausada
nos salvaría
a los dos
pero su determinación
se reafirmó;
incluso entonces
lo tomé por energía
testaruda y un exceso de
entusiasmo
pero en cuanto cedía terreno,
se me cogía más
terreno.
señor, pensé, no es más que simple
violencia.
así que saqué mi caballo del establo
al trote,
afilé los cuchillos y
lancé un
contraataque.
por fin había dado con
un oponente tan bueno como cabía
encontrar.
su determinación exigía su propia
destrucción.
había encontrado la horma
de su zapato.
monté en mi corcel
con la espada en alto
listo hasta para el sol.
siempre había pedido guerra,
le concedería su deseo,
maldito sea el amor ahora,
como maldito fue cuando
llegó en un principio.
mi reticencia
desaparecería
para siempre
y la sangre
manaría
la suya y la mía
tal como quería ella.
Charles Bukowski.
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Armando Guerrero, Oaxaca, México.