África, París, Grecia.

Ahí están estas dos mujeres
que conozco, son bastante
parecidas

casi los mismos años
de buenas
lecturas
literarias

una vez dormí con ambas
pero eso fue todo

somos amigos

han estado en África
París
Grecia

aquí y allá

cogiendo con hombres famosos
una vive ahora con un
millonario
a unas millas
de aquí
desayunan y
cenan juntos,
ella alimenta a su pez a sus gatos y
a su perro
cuando se emborracha
suele llamarme

la otra vive momentos
más difíciles,
sola en un pequeño departamento en
Venecia (Calif.)
escuchando los tambores del
bongo

parece que los hombres famosos quieren
mujeres jóvenes

una joven es más fácil de
dejar:
tiene más lugares
adonde ir

es difícil para una mujer que
alguna vez fue hermosa
envejecer

tienen que volverse más
inteligentes (si quieren retener
a sus hombres) y hacer
más cosas
dentro y fuera
de la cama

estas dos mujeres que conozco
son buenas
dentro y fuera
de la cama

y son inteligentes
bastante inteligentes como para saber
que no pueden venir a verme

y quedarse
más de una
o dos horas,
y tan parecidas son

y sé
que si leen este poema
lo
entenderán
tan bien como
entienden
a
Rimbaud o Rilke

o Keats

mientras tanto he conocido
a una joven rubia
del distrito de Fairfax
ella observa mis pinturas
en las paredes
y yo le froto las plantas de
los pies.

Charles Bukowski.

Verdad.

Una de las mejores líneas de Lorca
es,
"agonía, siempre
agonía…"
piensa en esto cuando
mates una
cucaracha o
recojas un hoja para
afeitarte
despertando en la mañana
para
enfrentar el
sol.

Charles Bukowski.

¿Bebe?

Deshecho, anclado, he sacado de nuevo
la vieja libreta amarilla
escribo desde la cama
como hice el año
pasado.

iré al médico
el lunes.

~sí, doctor, las piernas flojas, vértigo,
dolor de cabeza y dolor
de espalda.~

~¿bebe?~ me preguntará.
~¿hace los ejercicios,
toma las vitaminas?~

creo que simplemente estoy enfermo
de la vida, siempre los mismos
factores fluctuantes
rancios.

incluso en el hipódromo
veo correr los caballos
y me parece
que no tiene sentido.

me voy enseguida después de apostar
a las carreras que quedan.

~se marcha~, me pregunta el
empleado.

~sí, está aburrido~,
le contesto.

~pues si cree que es aburrido,
lo de ahí fuera~ me dice,
~imagínese aquí dentro.~

así que aquí estoy
apoyado de nuevo en
las almohadas.

nada más que un viejo
nada más que un viejo escritor
con una libreta
amarilla.

algo se
acerca por el
suelo
hacia
mí.

¡ah! no es más que
mi gato

por
esta
vez.

Charles Bukowski.

Un poema es una ciudad.

Un poema es una ciudad llena de calles y cloacas,
llena de santos, héroes, pordioseros, locos,
llena de banalidad y embriaguez,
llena de lluvia y truenos y periodos
de ahogo, un poema es una ciudad en guerra,
un poema es una ciudad preguntando por qué a un reloj,
un poema es una ciudad ardiendo,
un poema es una ciudad bajo las armas
sus barberías llenas de borrachos cínicos,
un poema es una ciudad donde Dios cabalga desnudo
por las calles como Lady Godiva,
donde los perros ladran en la noche y persiguen
la bandera; un poema es una ciudad de poetas,
muchos de ellos muy similares
y envidiosos y amargados...
un poema es esta ciudad ahora,
a 50 millas de ninguna parte
a las 9:09 de la mañana,
el sabor a licor y cigarrillos,
sin policía, sin amantes, caminando en las calles,
este poema, esta ciudad, cerrando sus puertas,
fortificada, casi vacía,
enlutada sin lágrimas, envejecida sin pena,
las montañas rocosas,
el océano como una llama de lavanda,
una luna carente de grandeza,
una leve música de ventanas rotas...

un poema es una ciudad, un poema es una nación,
un poema es el mundo...
y ahora pongo esto bajo el cristal
para el loco escrutinio del editor
y la noche está en cualquier lado
y lánguidas damas grises se alinean
el perro sigue al perro al estuario
las trompetas anuncian los patíbulos
mientras los hombrecillos deliran sobre cosas
que no pueden hacer.

Charles Bukowski.

El incendio de un sueño.

La vieja Biblioteca Pública de Los Ángeles
ha sido destruida por las llamas.
aquella biblioteca del centro.
con ella se fue
gran parte de mi
juventud.

estaba sentado en uno de aquellos bancos
de piedra cuando mi amigo
Baldy me
preguntó:
"¿vas a alistarte en
la brigada Lincoln?"

"claro", contesté
yo.

pero, al darme cuenta de que yo no era
un idealista político
ni un intelectual
renegué de aquella
decisión más tarde.

yo era un lector
entonces
que iba de una sala a
otra: literatura, filosofía,
religión, incluso medicina
y geología.

muy pronto
decidí ser escritor,
pensaba que sería la salida
más fácil
y los grandes novelistas no me parecían
demasiado difíciles.

tenía más problemas con
Hegel y con Kant.

lo que me fastidiaba
de todos ellos
es que
les llevara tanto
lograr decir algo
lúcido y/o
interesante.
yo creía
que en eso
los sobrepasaba a todos
entonces.

descubrí dos cosas:
a) que la mayoría de los editores creía que
todo lo que era aburrido
era profundo.
b) que yo pasaría décadas enteras
viviendo y escribiendo
antes de poder
plasmar
una frase que
se aproximara un poco
a lo que quería
decir.

entretanto
mientras otros iban a la caza de
damas,
yo iba a la caza de viejos
libros,
era un bibliófilo, aunque
desencantado,
y eso
y el mundo
configuraron mi carácter.

vivía en una cabaña de contrachapado
detrás de una pensión de 3 dólares y medio
a la semana
sintiéndome un
Chatterton
metido dentro de una especie de
Thomas
Wolfe.

mi principal problema eran
los sobres, los sellos, el papel
y
el vino,
mientras el mundo estaba al borde
de la Segunda Guerra Mundial.
todavía no me había
atrapado
lo femenino, era virgen
y escribía entre 3 y
5 relatos por semana
y todos
me los devolvían, rechazados por
el New Yorker, el Harper´s,
el Atlantic Monthly.
había leído que
Ford Madox Ford solía empapelar
el cuarto de baño
con las notas que recibía rechazando sus obras
pero yo no tenía
cuarto de baño, así que las amontonaba
en un cajón
y cuando estaba tan lleno
que apenas podía
abrirlo
sacaba todas las notas de rechazo
y las tiraba
junto con los relatos.

la vieja Biblioteca Pública de Los Ángeles
seguía siendo
mi hogar
y el hogar de muchos otros
vagabundos.
discretamente utilizábamos los
aseos
y a los únicos que
echaban de allí
era a los que
se quedaban dormidos en las
mesas
de la biblioteca; nadie ronca como un
vagabundo
a menos que sea alguien con quien estás
casado.

bueno, yo no era realmente un
vagabundo, yo tenía tarjeta de la biblioteca
y sacaba y devolvía
libros,
montones de libros,
siempre hasta el límite de lo permitido:
Aldous Huxley, D.H. Lawrence,
e.e. cummings, Conrad Aiken, Fiódor
Dos, Dos Passos, Turgénev, Gorki,
H.D., Freddie Nietzsche,
Schopenhauer,
Steinbeck,
Hemingway,
etc.

siempre esperaba que la bibliotecaria
me dijera: "qué buen gusto tiene usted,
joven".

pero la vieja
puta
ni siquiera sabía
quién era ella,
cómo iba a saber
quién era yo.

pero aquellos estantes contenían
un enorme tesoro: me permitieron
descubrir
a los poetas chinos antiguos
como Tu Fu y Li Po
que son capaces de decir en un
verso más que la mayoría en
treinta o
incluso en cientos.
Sherwood Anderson debe de haberlos
leído
también.

también solía sacar y devolver
los Cantos
y Ezra me ayudó
a fortalecer los brazos si no
el cerebro.

maravilloso lugar
la Biblioteca Pública de Los Ángeles
fue un hogar para alguien que había tenido
un
hogar
infernal
ARROYOS DEMASIADO ANCHOS PARA SALTARLOS
LEJOS DEL MUNDANAL RUIDO
CONTRAPUNTO
EL CORAZON ES UN CAZADOR SOLITARIO

James Thurber
John Fante
Rabelais
de Maupassant

algunos no me
decían nada: Shakespeare, G.B. Shaw,
Tolstoi, Robert Frost, F. Scott
Fitzgerald

Upton Sinclair me llegaba
más
que Sinclair Lewis
y consideraba a Gogol y a
Dreiser tontos
de remate

pero tales juicios provenían más
del modo en que un hombre
se ve obligado a vivir que de
su razón.

la vieja Biblioteca Pública de Los Ángeles
muy probablemente evitó
que me convirtiera en un
suicida,
un ladrón
de bancos,
un tipo
que pega a su mujer,
un carnicero o
un motociclista de la policía
y, aunque reconozco que
puede que alguno sea estupendo,
gracias
a mi buena suerte
y al camino que tenía que recorrer,
aquella biblioteca estaba
allí cuando yo era
joven y buscaba
algo
a lo que aferrarme
y no parecía que hubiera
mucho.

y cuando abrí el
periódico
y leí la noticia sobre el incendio
que había destruido
la biblioteca y la mayor parte de
lo que en ella había

le dije a mi
mujer: "yo solía pasar
horas y horas
allí...".

EL OFICIAL PRUSIANO
EL ATREVIDO MUCHACHO DEL TRAPECIO
TENER Y NO TENER

NO PUEDES RETORNAR A TU HOGAR.

Charles Bukowski.

Poema para el limpiabotas.

Equilibrio es el que mantienen los caracoles que trepan
por los acantilados de Santa Mónica;
Suerte es bajar andando la Western Avenue
y que las chicas de una sala de masajes
te griten, "Hola cariño".

El milagro es tener cinco mujeres enamoradas de ti
a los 55 años,
y lo bueno es que sólo puedas
amar a una de ellas.

El regalo es tener una hija más buena
que tú, con una sonrisa mejor que la tuya.

La calma te la da conducir un
Volkswagen azul del 67 a través de las calles
como un adolescente, escuchando
-El anfitrión que más te quiere- en la radio,
disfrutando del sol, disfrutando del fuerte zumbido
de un motor reconstruido
mientras serpenteas en el tráfico.

La bendición es que te guste la música rock,
la música clásica, el jazz...
Todo lo que contenga la energía original
del placer.

Y la probabilidad que retorna
es la tristeza profunda por debajo
de ti, por encima de ti
entre paredes como guillotinas
furioso por el teléfono que suena
o los pasos de alguien que pasa;
pero la otra probabilidad
(el extremo melodioso que siempre viene a continuación)
hace que la cajera del
supermercado se parezca a
Marilyn,
a Jackie antes de que acabaran con su amante de Harvard
a la chica del Instituto a la que todos
seguíamos hasta su casa.

Está lo que te ayuda a creer
en algo más aparte de la muerte:
alguien que se acerca en un coche
por una calle demasiado estrecha
y se corre a un lado para dejarte pasar,
o el viejo boxeador Beau Jack
limpiando zapatos
después de derrochar todo el fajo de billetes
en fiestas,
en mujeres,
en parásitos,
tarareando,
respirando sobre el cuero
dándole al trapo,
levantando los ojos y diciendo:
"¡Que chingados!. Lo disfruté una temporada
que me quiten
lo bailado".

Algunas veces soy amargo
pero en general el sabor ha sido
dulce, sólo que no me he atrevido
a decirlo. Es como
cuando tu mujer te dice:
"Dime que me quieres" y tú
no puedes.

Si me ves sonreír en
mi Volkswagen azul
pasándome un semáforo en ámbar
conduciendo rumbo al sol
es que estoy atrapado en
los brazos de una
vida loca
pensando en los artistas del trapecio
en los enanos con grandes puros
en un invierno ruso a principios de los años ´40,
en Chopin, con su bagaje de tierra polaca
en una vieja camarera que me trae una
taza extra de café y
se ríe mientras lo hace.

Lo mejor de ti
me gusta más de lo que crees
los demás no cuentan
a no ser porque tienen dedos y cabezas
y algunos tienen ojos
y la mayoría tienen piernas
y todos ellos
tienen sueños buenos y malos
y un camino por recorrer.

La justicia está en todas partes y funciona
y las ametralladoras y los billetes
y los cercos
lo demuestran.

Charles Bukowski.

El cordón del zapato.

Una mujer, una rueda
ponchada, una
enfermedad, un deseo; temores ante ti,
temores que puedes estudiar
como las piezas de un
tablero de ajedrez...
no son las cosas importantes las que
llevan a un hombre al
manicomio. Estate preparado para la muerte o para
el asesinato, el incesto, el robo, el incendio,
la inundación.
No, es la serie continua de pequeñas tragedias
lo que lleva a un hombre al
manicomio...
no es la muerte de su amor
sino el cordón de su zapato que se rompe cuando tiene prisa.

El horror de la vida.
es ese enjambre de trivialidades
lo que puede matar más deprisa que el cáncer
y siempre están ahí:
la matrícula del automóvil o los impuestos
o la licencia para conducir vencida
o los contratos o los despidos,
hacerlo tú o que te lo hagan, o
el estreñimiento
o las multas por exceso de velocidad,
polillas o grillos o ratitas o termitas o
cucarachas o moscas y
la tela metálica que se
ha roto,
o pasarse
o no llegar,
o el lavamanos tapado o la casera borracha,
al presidente no le importa y el gobernador
está loco.
El interruptor de la luz roto, o el colchón como
un puerco espín,
105 dólares por la puesta a punto, el carburador y la bomba de
gasolina en Sears Roebuck,
y el recibo del teléfono que sube y la Bolsa
que baja
y la cadena del baño que se ha
roto
y la instalación de la luz que se ha quemado,
la luz de la entrada, la luz del frente, la luz de atrás,
la luz del interior; está más
oscuro que el infierno y
es el doble de caro.
y además siempre hay ladillas y uñas que se encarnan
y gente que insiste que son
amigos tuyos;
siempre hay eso y cosas peores:
grifos que gotean, Cristo y la Navidad,
el salami azul, 9 días de lluvia,
50 centavos de aguacates
y embutido de hígado
morado.

O meterse
de camarera en Norm's con turno doble,
o de vaciador de
orinales,
o de lavacoches o de pinche de cocina
o de ladrón de bolsos de ancianas
que las deja gritando en la acera
con un brazo roto a la edad de
80 años.

De pronto 2 luces rojas en tu espejo retrovisor
y sangre en
la ropa interior;
dolor de muelas y 979 dólares por un puente
o 300 dólares por una muela
de oro,
y China y Rusia y Estados Unidos y
pelo largo y pelo corto y nada de
pelo y barba y sin rostro,
y muchos papeles de liar pero ninguna
hierba excepto tal vez la del jardín.

Con cada cordón de zapato que se rompe
de entre cien cordones de zapato que se rompen,
un hombre o una mujer o una
cosa
va a parar al
manicomio.

Así que ten cuidado
al agacharte.

Charles Bukowski.

Ellos, todos ellos lo saben.

Pregúntale a los pintores en las banquetas de París
a la luz sobre el perro que duerme
a los 3 cochinitos
al vendedor de diarios
a la música de Donizetti
al peluquero
al asesino
al hombre recargado en la pared
al predicador
al fabricante de gabinetes
al carterista al prestamista
o al soplador de vidrio
o al vendedor de abono
o al dentista
pregúntale al revolucionario
al hombre que mete su cabeza en
la boca del león
al hombre que dejará caer la próxima bomba atómica
al hombre que se cree cristo
al pájaro cantor que regresa a casa por la noche
al fisgón
al hombre que agoniza de cáncer
al hombre que necesita un baño
al hombre con una pierna
a los ciegos
al hombre que cecea
al comedor de opio
al cirujano que tiembla
a las hojas que pisas al caminar
al violador o
al conductor del tranvia o al anciano
que arranca hierbas de su jardín
Pregúntale a los chupasangre
al entrenador de pulgas
al tragafuegos
al hombre más miserable que puedas encontrar
en su momento más miserable
al profesor de judo
al domador de elefantes
al leproso, al condenado a cadena perpetua
[al tísico]
al profesor de historia
al hombre que nunca se limpia las uñas
al payaso o a la primera cara que veas
a la luz del día
pregúntale a tu padre
a tu hijo y al que será su hijo
pregúntame a mí
al foco fundido en la bolsa de papel
al que ha sufrido la tentación, al condenado,
al tonto,
al sabio, al pendejo
a los edificadores de templos
al hombre que nunca ha usado zapatos
a Jesús
a la luna
a las sombras dentro del ropero
a la polilla, al monje, al demente
al cartonista del New Yorker
al pez dorado
al helecho que tiembla con el baile tap
al mapa de la India
al rostro amable
al hombre que se esconde bajo tu cama
al hombre que más odies en el mundo
al hombre que bebió con Dylan Thomas
al hombre que anudó los guantes a Jack
[Sharkey]
al hombre de cara triste que toma café
al plomero
al hombre que sueña con avestruces todas las
[noches]
al que recibe los boletos en la entrada del
circo de fenómenos
al falsificador
al hombre que duerme en el callejón
bajo periódicos
al conquistador de naciones y planetas
al hombre que se acaba de cortar el dedo
al separador en la Biblia
al agua que gotea del grifo mientras suena
[el teléfono]
a la perjuria
a la pintura azul oscuro
al paracaidista
al hombre con dolor de estómago
al muchacho que lleva pantalones ajustados
[a la academia de paga]
al hombre que se resbaló de la bañera
al hombre que fue masticado por un tiburón
al que me vendió unos guantes que no eran
[par]
pregúntale a éstos y aquéllos que no he incluido
al fuego al fuego al fuego
pregúntale incluso a los mentirosos
al que tú quieras cuando quieras
el día que quieras
esté lloviendo o nevando
o salgas de un pórtico amarillo con
[calor]
Pregúntale a éste o aquél
al hombre con caca de pájaro en el cabello
al torturador de animales
al hombre que ha visto muchas corridas de toros
[en España]
a los dueños de Cadillacs nuevos
al famoso
al tímido
al albino
y al estadista
a los propietarios a los jugadores de billar a
los charlatanes
a los asesinos a sueldo
a los calvos a los gordos
a los altos y a los chaparros
a los tuertos a los que abusan del sexo
[y a los que casi no lo usan]
a los hombres que leen todas las editoriales
[de los periódicos]
al cultivador de rosas
a los hombres que casi no sienten dolor
a los agonizantes
a los que cortan los pastos y a los que
asisten a los encuentros de fútbol
pregúntale a cualquiera de éstos o a todos
pregunta pregunta pregunta
todos ellos te lo dirán:

"una esposa gruñona sobre el barandal
es mucho más de lo que un hombre puede
soportar".

Charles Bukowski.

Zapatos.

Cuando eres joven
un par
de zapatos
femeninos
de tacón alto
inmóviles
solitarios
en el ropero
pueden encender
tus huesos;
cuando estás viejo
son sólo
un par de zapatos
sin
nadie
en ellos
y
también.

Charles Bukowski.

Señales de tránsito.

Los viejos amigos del pueblo juegan
en el parque contemplando el mar
haciendo marcas en el cemento
con bastones de madera.
juegan cuatro, dos de cada lado
mientras 18 ó 20 se sientan
bajo el sol y miran
los observo cuando me dirijo
hacia un edificio público
mientras arreglan mi coche.

hay un viejo cañón en el parque
oxidado e inútil.
seis o siete veleros surcan
mar abajo.

termino mis deberes
salgo
y siguen jugando.

una de las mujeres está exageradamente
maquillada
usa pestañas postizas y fuma
cigarro.
los hombres son muy delgados
muy pálidos
llevan relojes de mano que hieren
sus muñecas.

hay otra mujer muy gorda
que ríe estúpidamente
cada vez que alguien logra un punto
algunos de ellos son de mi edad.

me repugna
la forma en que esperan la muerte
con la misma pasión
que una señal de tránsito.

es el tipo de gente que cree en los comerciales
es el tipo de gente que compra dentaduras postizas
a crédito
es el tipo de gente que celebra los días festivos
es el tipo de gente que tiene nietos
es el tipo de gente que vota
es el tipo de gente a quien le hacen funerales.

Son como la muerte
el esmog
el aire hediondo
la lepra.

finalmente.
así es la mayoría de la gente.

las gaviotas son mejores
las algas marinas son mejores
la arena sucia es mejor

si pudiera dirigir ese viejo cañón
hacia ellos
y hacerlo estallar
lo haría

me repugnan.

Charles Bukowski.

Garras del paraiso.

Mariposa de madera
sonrisa de bicarbonato
mosca de serrín
me gusta mi barriga
y el tipo de la tienda de vinos
me llama
~Señor Schlitz~
los cajeros del hipódromo
gritan
~EL POETA SABE!~
cuando cobro mis apuestas.
las damas
que entran y salen de la cama
dicen que me aman
cuando paso a su lado con
blancos pies mojados.

albatros con ojos borrachos
calzoncillos sucios de Popeye
chinches de París,
he salvado las barricadas
he dominado el automóvil
la resaca
las lágrimas
pero conozco
el destino final
como cualquier colegial que ve
cómo el tráfico aplasta
al gato al pasar.

mi cráneo tiene una hendidura de
pulgada y media justo en la
bóveda.
la mayor parte de mis dientes está
delante,
me mareo a oleadas en los supermercados
escupo sangre cuando bebo
whisky
y me entra una pena
que llega a hacerse
dolor
cuando pienso en todas las
buenas mujeres que he conocido
y que se han diluido
desvanecido
entre trivialidades:
viajes a Pasadena,
picnics con los niños,
tapones de pasta de dientes
por el desagüe.

no hay nada que hacer
sino beber
apostar a los caballos
apostar a los poemas

cuando las jovencitas
se hacen mujeres
y las ametralladoras
apuntan hacia mí
agachado
tras muros más delgados
que los párpados.
no hay mas defensa
que todos los errores
cometidos.

entretanto
me ducho
contesto el teléfono
hago huevos duros
estudio el movimiento y el deterioro
y me siento tan bien
como cualquiera
mientras paseo al sol.

Charles Bukowski.

Tonalidades.

Los soldados marchan sin armas
las tumbas están vacías
en la lluvia se deslizan pavorreales

bajando escaleras
marchan sonrientes hombres grandiosos

hay suficiente comida y suficiente dinero para la renta
y tiempo suficiente

nuestras mujeres no se harán viejas

no llegaré a viejo

los vagabundos usan diamantes en sus dedos
Hitler saluda de mano a los judíos

el cielo huele a carne quemada
soy una cortina incendiándose

soy agua evaporándose

soy una víbora soy la orilla de un vaso que corta
soy sangre

soy este caracol ferviente
que se arrastra a casa.

Charles Bukowski.

Los mellizos.

A veces él me insinuaba que yo era un bastardo y yo le
decía
que escuchara a Brahms, que aprendiera a pintar y beber
y no ser dominado por mujeres ni dólares
pero sólo me gritó: !Por el amor de Dios, recuerda a
tu madre, recuerda a tu patria,
nos vas a matar a todos...!

me muevo a través de su casa (de la cual aún debe 8000
dólares después de 20 años en el mismo empleo) y miro
sus zapatos muertos, la forma en que sus pies enroscaron
la piel como si hubiera estado enojado plantando sus rosas,
y sí que lo estaba,
y miro su cigarrillo muerto, su último cigarrillo y la
última cama sobre la cual durmió esa noche, y siento
como si debiera tenderla, pero no puedo, pues tu padre
siempre es el amo aún después de muerto;
supongo que estas cosas suceden
y no puedo dejar de pensar en:
morir sobre el piso de la cocina a las 7 de la mañana
mientras otras gentes fríen sus huevos,
no es duro
a menos que a ti te suceda.
salgo y corto del árbol una naranja y le quito la piel
luminosa,
las cosas siguen con vida, el pasto crece bastante bien,
el sol manda sus rayos circundados por un satélite ruso,
un perro ladra sin sentido en algún lugar,
los vecinos fisgonean a través de las persianas.
aquí soy un extranjero y (supongo) he sido algo pícaro,
no dudo que él me haya pintado bastante bien (el viejo
y yo peleábamos como leones monteses) y dicen que dejó todo
a una mujer en Duarte; me vale madre, puede quedarse
con todo,
él era mi viejo
y ya murió.

ya dentro, me pongo su traje azul claro,
el mejor que me haya puesto en toda mi vida,
y aleteo las mangas como un espantapájaros al viento
pero de nada sirve:
a pesar de tanto odio que hubo entre nosotros
lo quiero mantener con vida pero no puedo.

nos parecíamos, bien pudimos haber sido mellizos
el viejo y yo, eso decían.
él siempre tenía listos los bulbos para ser sembrados
mientras yo estaba acostado con una puta de la calle
tercera.

muy bien. concédanos este momento:
parado frente al espejo
en el traje de mi padre muerto
esperando también
a la muerte.

Charles Bukowski.

Sandra.

Es la esbelta y alta
damisela
con aros y
vestido largo

Siempre anda drogada
y acelerada
con zapatos de tacón
metiéndose pastillas
borracha.

Sandra se inclina
hacia afuera de su silla
hacia Glenbdale

Pienso que se va a dar
en la cabeza con la cerradura
del placard
cuando intenta
encender
otro cigarrillo
con el que aún
tiene encendido.

A sus 32 años le gustan
los jóvenes pulcros
sin cicatrices
con cara de nalga
de princesa.

Me lo dijo muchas veces
y me mostró sus trofeos
carne joven rubia
estúpida y silenciosa
que
a) se sienta
b) se levanta
c) habla
cuando ella lo ordena

A veces me muestra uno
a veces dos
a veces tres.

Sandra se ve muy bien
de vestido largo
Sandra es muy capaz de
romperle el corazón a un hombre.

Espero que encuentre
uno.

Charles Bukowski.

La superficie del sol.

Los toros son grandiosos
como la superficie del sol
y aunque los matan para las rancias multitudes,
es el toro quien atiza el fuego,
y aunque hay toros cobardes
tanto como toreros y hombres cobardes,
generalmente el toro se mantiene puro
y muere inmaculado
sin ser tocado por símbolos y élites o falsos amores,
y cuando lo sacar arrastrando
nada ha muerto
y el hedor final
es el mundo.

Charles Bukowski.

Armando Guerrero, Oaxaca, México.