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Me levanté con las luces del día,
como de niño cuando había viaje en casa.
Sobre mis huellas volaban aves
llenas de sol,
llovizna,
viento.
Resonaron las costas por última vez, me acostumbré
a caminar sin ella y con la sal perdida
construí una torre
llameante.
Rafael Cadenas.
Qué camino difícil
Qué camino difícil
atravesar la noche, el día,
el bien, el mal,
el silencio,
el tumulto,
el odio,
la rabia,
el amor,
el amor.
Abbas Kiarostami.
PARA SIEMPRE
A tientas en una nube de humo,
sigo la raya que en el suelo del jardín deja un caracol
hasta el muro de piedra.
Al final, de cuclillas, me fijo
en lo que hay que hacer y, de repente,
me adhiero a la piedra húmeda.
Empiezo a mirar lentamente alrededor
y a escuchar, utilizando para ello
mi cuerpo entero como el caracol
utiliza el suyo, relajado, pero alerta.
¡Atención! Esta noche es un hito
en mi vida. Después de esta noche,
¿cómo podré volver a mi
vida anterior? Mantengo los ojos fijos
en las estrellas, les hago señales
con mis antenas. Bien sujeto
durante horas, descansando sin más.
Más tarde, la pena comienza
a gotear en mi corazón.
Recuerdo que mi padre está muerto,
y que me voy a ir pronto
de esta ciudad. Para siempre.
Adiós, hijo, dice mi padre.
Casi al amanecer, bajo
y deambulo hacia casa.
Todavía están esperándome,
el espanto aletea en sus rostros
al encontrarse con mis nuevos ojos por primera vez.
Raymond Carver.
RECONOCIMIENTO
Me veo frente a este paisaje parecido al que protejo.
No soy el mismo. Debo comprenderlo de una vez.
He de encajar en mi molde.
He acechado la aceptación súbita de mi realidad.
Despedí la poesía que se cuelga de los brazos.
Incendié los testimonios falaces.
Adopté la forma directa.
Una convergencia prospera en mí.
Abandono mi caminar intrincado. Me dilato en
vastedades blancas. Sirvo en silencio a un solo rey.
Con huesos de ave violento los espacios cerrados.
He sentido ráfagas de otra región sin culpa.
Me hago a la lentitud, al gesto consciente, al rumor
del desierto.
Rafael Cadenas.
YOU
Tú apareces,
Rafael Cadenas.
CARA A CARA
En febrero lo vivo estaba inmóvil.
Los pájaros preferían no volar y el alma
roía en el paisaje como un barco
roza en el muelle al cual está amarrado.
Los árboles nos daban la espalda.
La altura de la nieve se medía con juncos.
Envejecían las huellas de pasos sobre el hielo.
Se derretía el lenguaje bajo un toldo.
Algo llegó hasta la ventana un día.
Se detuvo el trabajo, yo levanté la vista.
Los colores ardían. Todo se dio la vuelta.
El mundo y yo dimos un salto el uno hacia el otro.
Tomas Tranströmer.
[VENGO DE UN REINO EXTRAÑO...]
Vengo de un reino extraño,
vengo de una isla iluminada,
vengo de los ojos de una mujer.
Desciendo por el día, pesadamente.
Música perdida me acompaña.
Una pupila
cargadora de frutos
abandonados
se adentra
en lo que ve.
Mi fortaleza,
mi última línea,
mi frontera con el vacío
ha caído hoy.
Música entregada en el desastre.
Mis manos han sentido crecimientos puros.
El amor ya no avanza ahogándose en preguntas.
Claridad sin quimera se insinúa, lenta.
Rafael Cadenas.
TAO TE KING, LVI
El que sabe, no habla.
El que habla, no sabe.
Cierra la boca,
baja la persiana.
Desafila su filo,
suelta sus ataduras,
atenúa su brillo
y se hace uno con su propio polvo.
No le importan ni el odio ni el amor,
ni el lucro ni las pérdidas;
no escucha los elogios ni las burlas.
Por eso lo respeta todo el mundo.
Lao - Tse.
TAO TE KING, II
Que todo el mundo sepa lo que es bello
es fealdad.
Que todo el mundo sepa lo que es bueno:
eso es el mal.
Ser y no ser no son incompatibles.
Lo difícil es fácil si es difícil.
Si es largo, es corto; y cuando es bajo, es alto.
La voz siempre es concierto; el después, antes.
“Saber” no es anunciar que se está haciendo.
Es desear lo que llega cuando llegue:
desear sin poseer, actuar sin culpa.
Hacer las cosas y dejarlas ir,
porque el dejarse ir las vuelve cosas.
Lao - Tse.
El cuaderno de las resignaciones
Tal vez otro día me hubiera puesto a dormir
pero cada quien sabe cómo se olvida un suplicio
cada uno sabe como sobrellevar
la máscara que cae al suelo y se destroza
me ha dolido el cuerpo de pronto
como si toda la vejez del mundo se me juntara
no quise ver el cielo y sus funerales
no escuchar músicos con sus demonios dentro
me quedé esperando nada más
a ver si el tiempo se hundía por sí solo
lúgubre luz de las resignaciones
rendija de la pérdida y la salvación
no me dormí ni apague la lámpara
porque el mundo debe vivirse con todas sus piedras y abismos
hay un principio en el calabozo de la noche
pero lo hay también al quedarse quieto
los ojos están aquí y en todas partes igual al péndulo
- ese agujero que se traga a la vida -
unos y otros
como los hombres
como las historias que cuentan al hombre
y que los hombres cuentan a sus descendientes
no me dormí ni apagué la lámpara
para decir que había vivido.
Miguel Ángel Ortiz.
Cuadernos de Patología humana
En el momento exacto
de su muerte
pude llamar a una ambulancia y me detuve,
pude salir corriendo y me quedé,
pude acariciar su frente y preferí su mano,
pude llorar y permanecí serio,
pude decirlo todo y callé.
En el momento exacto en que mi padre murió
no pensé en nada más que en su muerte
sucediendo frente a mí.
Orlando Mondragón.
Armando Guerrero, Oaxaca, México.